sábado, 17 de octubre de 2009

Fernando Piñana: Colección de tres mil bandas dibujadas en los años 40, publicadas en Barcelona








Julia Sáez-Angulo
  
Un tesoro de tres mil bandas dibujadas con más de doce mil viñetas es la colección que conserva Gema Piñana, hija del pintor, como un tesoro artístico y documental de una época. El autor, Fernando Piñana de la Fuente (Barcelona, 1911 – Fuengirola, 1975), pintor, dibujante, ilustrador, director y cartelista de cine, dejó un testimonio singular de historietas en el periódico barcelonés La Prensa, en las que él era dibujante y guionista al mismo tiempo. Sólo hay una historieta con guión de Manuel Tarín Iglesias, periodista maestro de la entrevista, con el que trabajaba en el periódico citado y al que le unía una gran amistad.

Las historietas narradas por Piñana de la Fuente, que se publicaban de lunes a viernes en el diario, abarcan un registro amplio de temas: desde las aventuras caballerescas o policíacas a las bélicas sobre guerras en Extremo Oriente; de espionaje de los soviéticos, caracterizados siempre como enemigos, al igual que los indios de las historias de caw-boys, así como en las películas eran siempre los adversarios de los colonos o del Séptimo de Caballería.

Las bandas dibujadas con tinta china negra sobre cartulina o papel vegetal guardan cierto paralelismo estético con los rótulos de los carteles de cine y los créditos de las películas de los años 40, época dorada de Hollywood. El vestuario de los personajes, los edificios, calles, alamedas, coches, el mobiliario, los teléfonos y todo objeto alusivo guarda la atmósfera del momento. Los paisajes representados son otro aspecto singular y llamativo de estas bandas dibujadas. La maestría del trazo del autor se pone de manifiesto en cada una de las viñetas dibujadas, unas veces, con trazo grueso y, otras con trazo fino.




“Mi padre, que dibujaba con la mano izquierda porque era zurdo, tenía una facilidad asombrosa para hacer estas viñetas. Yo le he visto hacerlo en casa, donde tenía un despacho con una gran mesa inclinada e iluminada para trabajar. Los carteles de cine los hacía sobre caballete. Las obras de gran formato como las grandes fachadas para los cines las pintaba en su estudio en el barrio de Gracia.

Autorretrato y retratos de Lenin y Stalin

Se trata de una colección que la heredera desea conservar unida porque es un testimonio muy completo y de valor incalculable, además del estético, sobre el imaginario narrativo de las bandas dibujadas en los años 40, tan pegados al final de la guerra civil española de 1936 – 39. A través de su contemplación y lectura se aprecia la sensibilidad de una sociedad que leía con verdadera afición estas historias con el “continuará” del día siguiente.

“Cuando a mi padre le operaron y se mantuvo varios meses de reposo en el pos-operatorio, La Prensa recibió numerosas cartas –muchas de niños y jóvenes, que preguntaban por qué se habían dejado de publicar las viñetas”, recuerda su hija.

Los títulos de las historias son variopintos: “El retrato habló”; “La emisora de la muerte”; “Periodistas contra gánsters”; La fiebre del oro”; “Tom el Afortunado”; “La capitana de los gánsters”; “Foto X.L -23”; 2El drama en el circo”; “Aventura en Hollywood”; Llamada secreta al FBI”; El asesino habla”; “La ley está alerta”; “Los ojos del muerto (Misterio en Brooklyn)” ; “El camino prohibido”; “Plaza circular a las 11, 45” o “Crimen o imprudencia” con guión de Tarín Iglesias.

Entre las viñetas bélicas: “Misterio en el Pacífico”; “Alas sobre el Polo” o “Radar en el espacio”. Y entre las de caw-boys: “La venganza de Ralings”; “Prisioneros del gran Cañón; “El final del duelo” o “La reina de los pieles rojas”.

“Resulta curioso observar como introduce el autorretrato, con su fisonomía particular despejado de frente y con bigote, en alguno de los personajes de las bandas. También representa en ellas las efigies, a modo de cuadros decorativos, de Lenin y Stalin. En algunas de las bandas aparece por detrás el sello en tinta característico de la censura de la época”.

En suma una colección única que bien merece figurar en alguna colección, biblioteca o museo especializado en cómic, viñetas o bandas dibujadas.

Fernando Piñana fue un artista singular, versátil y polifacético. Durante los años de la guerra civil estuvo en la cárcel Modelo de la Ciudad Condal, al declararse carlista en un interrogatorio, y allí le encargaron hacer el retrato del anarquista Buenaventura Durruti, pintura que se perdió o no ha sido localizada. El único deseo de mi padre en la cárcel era seguir dibujando y pintando. “Hubiera hecho igualmente el retrato de José Antonio Primo de Rivera si me lo hubieran encargado como hicieron con el de Durruti”, decía mi padre.



Las fachadas de los cines y los carteles de las películas de Piñana durante los años 40 y 50 fueron muy celebrados. Muchos de ellos figuran en la colección de Francisco García Baena en Barcelona, así como en la Filmoteca Nacional en Madrid.




1 comentario:

Diario Fuengirola dijo...

Que información tan valiosa gracias por informarnos.