sábado, 24 de octubre de 2009

Gregor von Rezzori narra la vida del Imperio austro-húngaro en una Trilogía



Julia Sáez-Angulo

Nadie ha narrado como él lo que fue la caída del Imperio Austro-húngaro al que perteneció su país, la Bucovina y el paso a otra época distinta. Gregor von Rezzori (Czernovitz, 1914- Toscana, 1998), un aristócrata rural que vio desintegrarse un mundo y renacer otro que no tenía la hermandad y fraternidad de un Imperio en el que quizás, una vez en la vida, se veía pasar la figura del Emperador, como una sombra sagrada e irreal.

La editorial Anagrama en su colección Panorama de narrativas ha publicado las tres novelas más representativas del autor bajo el título de “La gran trilogía”: Un armiño en Chernopol; Memorias de un antisemita y Flores en la nieve. Todas ellas guardan numerosas experiencias biográficas, si bien la segunda es quizás la más cercana a su propia vida. Un niño que crece en la vieja idea del cordón umbilical del Sacro Imperio Romano de Carlomagno, del Imperio Austro-húngaro, como algo inherente a su ser, su familia, su historia… lo que no obsta para que tenga sus contactos con niños judíos y amores con mujeres judías. Pero a la hora de elegir y entender la persecución germánica los ciudadanos de origen hebreo, toma una posición mental muy particular a favor de la gran Alemania y la superioridad de la raza blanca y cambia las tornas cuando ve la invasión de Austria por Alemania. Su padre no puso soportar la cara de Hitler en el periódico como invasor del territorio.

Cuando los pueblos no están sujetos a un Imperio los hombres se pelean entre ellos, piensan algunos. Eso explica que hayan de estar siempre bajo la férula de la pax romana de Augusto o la pax americana del siglo XX. Los sucesivos Imperios, inglés, francés, austro-hungaro, soviético y USA han apaciguado pueblos –por no decir tribus belicosas. Hoy en día es la Alianza Atlántica es la que consigue pacificar pueblos como los Balcanes o Afganistán. Esa es también la idea que de modo irónico sostiene Rezzori.


Comparado con Robert Roth y Robert Musil


Tengo metida la Babel del Imperio austro-húngaro escribe Rezzori, una tierra en la que se hablaba alemán, rumano, yidish, polaco, magiar, ucraniano, gitano… Manejó un pasaporte rumano que le sirvió para no enrolarse en el ejército. Resulta divertida la descripción de su ciudad y su país como sucesivo territorio “ex” de numerosas situaciones políticas que pasa por Turquía o Austria. “Czernowitz es ahora Ucrania, peo era entonces la Bucovina, y la Bucovina quedaba en la Rumanía, y Rumanía no existía, sino que pertenecía al imperio austro—hungaro” es el fragmento que puede leerse junto a la pirámide en la Toscana en la que se esparcieron sus cenizas. Rezzori se caso en Italia con Beatrice Monti della Corte, una mujer que lo hizo feliz y lo acompañó en su vida de hombre exquisito.

Creía en la gran Alemania y temía a los judíos con los que, por otro lado, se había relacionado siempre. La llegada de Hitler y la invasión de Austria cambiaron sus posiciones. Las contradicciones del autor sobre su origen, posición, vida, Imperio… han dado lugar a su gran desarrollo literario con un mundo propio lleno de sutileza y elegancia. Al fabular se narra a sí mismo en una geografía y momento histórico que le resultaron familiares.

Hermosa la escritura para narrar y describir personajes. La crítica ha comparado a Rezzori con autores de la talla de Joseph Roth y Robert Musil. Fue ganador de prestigioso premio Fontane por su novela Un armiño en Chernopol, que versa sobre la Europa de entreguerras. Rezzori ha creado un mundo literario en un corpus de libros que nadie debiera perderse.






La gran trilogía
Gregor von Rezzori
Anagrama. Panorama de narrativas
Barcelona, 2009 (893 pags)

viernes, 23 de octubre de 2009

Mario Campaña publica "Pájaro relojero" sobre poetas centroamericanos

Pájaro relojero. Poetas Centroamericanos
Selección y prólogo de Mario Campaña
Galaxia Gutember/Círuclo de Lectores
Barcelona, 2009 (877 pags)





Julia Sáez-Angulo

Gran experto en la poesía de América Latinoamericana, el escritor Mario Campaña ha llevado a cabo una excelente antología de la poesía centroamericana del siglo XX guiándose por el patrón de la excelencia y no de la representatividad por países, de ahí que no figuren nombres de Honduras ni Costa Rica. En una exposición magistral, habló de los autores seleccionados en el libro que, bajo el título de “Pájaro relojero. Poetas Centroamericanos”, ha publicado el Círculo de Lectores/Galaxia Gutemberg.

Los trece nombres que figuran en la obra son: Salomón de la Selva, Luis Cardoza y Aragón; José Coronel Urtecho (nicaragüense); el gran maestro de Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Paso, Ernesto Mejía Sánchez, Ernesto Cardenal; Carlos Martínez Rivas; Otto-Raúl González e Isabel de los Ángeles Ruano (guatemaltecos), Roque Dalton y Alfonso Kijadurías (salvadoreños) y la salvadoreño-hondureña Claribel Alegría. “Todos ellos cuentan entre lo más granado de la poesía en lengua española del siglo XX y todos ellos dialogan y discuten de alguna manera con el gran vate Rubén Darío”, señala el antólogo. Les ha faltado el apoyo y la difusión de su obra en sus propios países.

“Salomón de la Selva escribió en Estados Unidos “El soldado desconocido” y así empezó la andadura que sólo desde una perspectiva histórica cabe considerar como origen de la otra vanguardia (tras Rubén Darío); casi al mismo tiempo, Luis Cardoza y Aragón publicaba en París “Maelstrom”. Se trata de dos libros vanguardistas, sobre todo porque sustituyeron lo perspicuo por lo humilde como matriz del hecho poético. Otra lengua es desde entonces la poesía”, declara Campaña.

El propio Ernesto Cardenal –más conocido por sus andanzas políticas- reconoció en su día que el gran poeta de Nicaragua no era él sino Carlos Martínez Rivas, del que recibieron aliento otros autores guatemaltecos y de ello se haría constancia en América algún día. Fue el primero en crear los anti-poemas, antes que el chileno Nicanor Parra, más apoyado en su país.
Escritores que estudiaron con los jesuitas

El antólogo reconoció que la mayoría de los poetas seleccionados pertenecen a la clase alta y cultivada –muchos de ellos estudiaron con los jesuitas- descendientes de europeos, en su mayoría españoles, a juzgar por sus apellidos. Algunos ejercieron la diplomacia en Europa. No figura ningún poeta indígena, aunque algunos vates como Pablo Antonio Cuadra tejió una gran mitología en torno a leyendas y canciones sobre el gran lago nicaragüense, que es para los nativos como el Mediterráneo a la poesía griega. Al mismo tiempo, Cuadra fue un escritor católico creyente y su poesía religiosa está entre las más bellas”, subrayó Mario Campaña.

El antólogo, que ha investigado en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, donde hay más de 120 millones de ítems, en el Centro latinoamericano de Berlín y en el de Bruselas, recuerda que la sociedad centroamericana vivió largas dictaduras durante el siglo XX, todas ellas protegidas por la política de los Estados Unidos, lo que llevó a una sociedad fracasada, pero no al fracaso de los poetas. Su obra se fraguó la mayoría de las veces en el compromiso.

Sólo dos mujeres se incluyen en la antología y una de ellas, Isabel Alegría, vive hoy mendigando por las calles, después de haber escrito un poema premonitorio sobre la mendicidad. Mario Campaña ha llevado a cabo otra interesante antología sobre poetisas latinoamericanas, publicadas por la editorial Bruguera.

El acto de presentación de este libro tuvo lugar por el poeta Nicanor Vélez y a él asistieron otros poetas como Javier Lostalé, Manuel Quiroga y la argentina Susana Roberts.

Fernando Schwarts publica la novela "El príncipe de los desiertos"

El Príncipe de los Oasis
Fernando Schwartz
Editorial Espasa;
Madrid 2009






Julia Sáez-Angulo


El diplomático español Fernando Schwartz (Ginebra, 1937) se topó un día con un personaje histórico, Hassanein Bey, que le mostró un amigo egipcio comerciante de bienes culturales. La vida errante de explorador, diplomático, hombre de negocios y arribista, del personaje le atrajo de tal modo, que decidió fabular su trayectoria vital en el libro publicado por Espasa bajo el título de “El príncipe de los oasis”.

Después de escribir algunos ensayos sobre la internacionalización de la guerra civil española de 1936 y sobre la caída del Palacio de Invierno, Fernando Schwartz apostó por la narrativa, tras un periodo como periodista en televisión. No lo ha lamentado. Sus doce novelas se han vendido muy bien, principalmente la última, “El cuenco de laca”, que el califica de sentimental.

Con estilo personal y elegante, el autor se documenta ampliamente antes de abordar el tema. Para “El príncipe de los oasis” viajó por el desierto y atravesó centenares de dunas, al tiempo que retrocedía cien años para imaginar a su personaje en la época que le tocó vivir. El personaje tuvo varios hijos pero el autor le ha inventado uno que no existió Ya´kub para seguir la trama.
Un periodo revolucionario en el mundo

“Se pueden decir muchas cosas y explicar una realidad a través de los personajes y esto lleva al lector a entender el período prerrevolucionario de la sociedad en que se mueven. La novela permite contar así la intrahistoria de un pueblo o un país”, explica.

Hassanein Bey fue preceptor del rey Faruk, marido de la reina madre viuda Nazli, aventurero y descubridor de las célebres pintura rupestres de los oasis perdidos en el desierto líbico. “Era un hombre que vive, padece, encuentra, descubre, crea la primera línea aérea El Cairo-Londres… Y llegó al tratamiento de Pasha, después del de Bey, una escala señorial al estilo inglés”.

A la hora de escribir, a Schwartz le preocupan dos cosas: “el lenguaje adecuado al personaje y su tiempo, así como la documentación clave y decisiva para que sea exacta y ambiente la historia”. El autor confiesa que su fuentes para el libro de Hassanein Bey parte de la abundante documentación de publicaciones de la Universidad Americana en El Cairo.

"Otro final" para célebres películas en la Historia del Cine

Otro final
Quince autores
Editorial 451
Madrid, 2009-02-18


Julia Sáez-Angulo

El cine es la fábrica de sueños, pero con frecuencia, las películas nos hacen soñar con otro final. Este ha sido el propósito del libro, que los quince autores que escriben otro final sobre películas célebres, que están en la memoria de todos como Cumbres Borrascosas; Casablanca; Bienvenido Mister Marshall; Muerte en Venecia; El tercer hombre; Peter Pan; Ladrón de bicicletas, Doctor Zhivago y otras. Los editores han sido Amparo Serrano de Haro y Manuel Hidalgo y el libro fue presentado en el Cine Doré por el escritor Gustavo Martín Garzo y Gerardo Gonzalo.

Los autores que han intervenido en el libro Otro final son: Lourdes Ventura; Amparo Serrano de Haro; A. del Amo; Eduardo Chamorro; Manuel Hidalgo; J. Maqua; A.M. Torres; Eduardo Mendicutti; Vicente Molina Foix; José Ovejero; Pedro Sorela; Andrés Trapiello; F. Vega; Luis Antonio de Villena y Pedro Zarraluqui.

Solo hubo colisión al elegir la misma película por parte de las dos narradoras, Lourdes Ventura y Amparo Serrano de Haro, que “caballerosamente” se repartieron los títulos: Cumbres borrascosas, para la primera y Casablanca para la segunda. Mendicutti y Luis Antonio de Villena tomaron en sus relatos la posibilidad de unos amores homosexuales en Muerte en Venecia y Con faldas y a lo loco; Manuel Hidalgo eligió la película española de Berlanga Bienvenido Mr. Marshall, para dar entrada a los americanos en el desarrollo del pueblo Villar del Río, etc.

En el prólogo se advierte que “los finales obedecen a diversas motivaciones en la tragedia griega, en el cuento infantil. La catarsis y el sufrimiento eran, en el primer caso, una fuente de iluminación y conocimiento. En el segundo, una jovial apuesta por la supervivencia y el cumplimiento de los objetivos más consoladores explicita que el vivir felices y comer perdices es una pretensión generalizada que –haya o no iluminación y conocimiento- sólo deja en mal lugar a las perdices sacrificadas, y sin duda a quienes se oponían a la dicha de los protagonistas”.

Narrar es un deseo de irse por tejados, decía Rosa Chacel y aquí los narradores se han salido del guión para finalizarlo a su modo y manera, sin desmerecer el original del que admiran precisamente su existencia. No se trata de enmendar la plana sino de seguir soñando con el cine para darle nuestro toque imaginario. Curiosamente muchas de estas películas proceden de la literatura, es decir de la novela, lo que viene a ser una vuelta de tuerca de los quince narradores que retocan a su manera el final dispuesto por otros escritores que narran.


MACUF, Debate sobre la pervivencia de la Pintura

“Antes de ayer y pasado mañana.
Lo que puede ser la pintura hoy”
Museo de Arte Contemporáneo
Unión Fenosa MACUF. La Coruña
Comisario: David Barro
Mayo – Octubre de 2009



Julia Sáez-Angulo

Comisariada por el profesor David Barro, “Antes de ayer y pasado mañana. Lo que puede ser la pintura hoy” es una exposición que reflexiona sobre el desbordamiento de la pintura, desde su viejo soporte en el cuadro a otros planteamientos diferentes en los que las líneas, las formas y el color se dan cita. Lo que realmente no ha cambiado a lo largo de la historia -incluida la prehistoria de Altamira y Lascaux- es el término de Pintura, para dar acogida a cierta creatividad plástica. La muestra se acompaña de un espléndido catálogo de doscientas páginas para desarrollar la tesis.

Barro ya había llevado a cabo otras exposiciones en las que la pintura es el tema de estudio como “Sky Shout. La pintura después de la pintura” o “La pintura sin gesto”. “La selección de obras de la muestra trata precisamente de deconstruir la historia reciente de la pintura (…) y lo hace mirando hacia el futuro sin dejar de mirar nunca por el retrovisor”, dice el comisario en el libro/catálogo.

Entre los artistas seleccionados: Adriana Verajao; Juan Uslé; Manuel Villariño; Baltasar Torres; Eve Sussman; Christine Streuli; Savid Sale; Anri Sala; Manuel Ocampo; Amselm Reyle; Fiona Rae; Julian Opie; Álvaro Negro; Frank Nitsche; Nano 48 14; Vik Muniz; Miquel Mont; Michel Majerus; Ángela de la Cruz; Olafur Eliasson; Peter Halley; Atephan Hirsig; Cisco Jiménez; Gunter Forg; Bernard Frize; Helmut Dorner; Cecily Broun; Ghada Amer; Pedro Barbeito o Helena Almeid.

De pintura nunquam Satis dirían los latinos, nunca se hablará lo suficiente porque es lo bastante poderosa y ha sido lo increíblemente hegemónica como para ocupar ella sola casi toda la Historia del Arte y el espacio de los museos, por ello ha tenido que pasar por el purgatorio de tener que renovarse, abandonar el formato del cuadro, descender del caballete y prolongarse por los muros de la arquitectura, el dinamismo de los videos o los juegos de las instalaciones y performances.
Danto: El arte moderno termina con el expresionismo abstracto

Recordemos la afirmación del teórico Arthur D. Danto y es una convención, no por todos aceptada de que el arte moderno termina en el expresionismo abstracto –última vanguardia- y en los 60 y comienza el arte contemporáneo con el arte pop, ese arte que toma la imagen cotidiana del cine o la publicidad para devolverla repetida en el arte, en la pintura. Pues bien, a partir de esta fecha comienza, de manera rotunda, a cuestionarse la pintura como lenguaje obsoleto, como género del pasado.

La idea de la muerte de la pintura, del arte en general (también de la muerte de Dios se hablaba en los 70) se acompaña de la muerte de los museos, denostados y descalificados por unos cuantos artistas que deseaban lugares alternativos al museo para exponer sus obras. Museos contestados más adelante, en los 90 por las mujeres o por aquellos que exigían la presencia de más arte figurativo en sus salas. El conceptual había invadido con sus nuevas ideas plásticas.

La pintura no solo sigue sino que se desparrama de su habitual soporte el cuadro e invade otros géneros. La pintura, en suma, no puede morir, porque es una actitud antropológica del hombre. La exposición del Macuf lo pone de manifiesto: lo pictórico en muchas de las piezas sin que tenga que ser forzosamente pigmento sobre lienzo.

¿Han de desnudarse las Mujeres para entrar en un Museo?




Julia Sáez-Angulo








          “¿Es que las mujeres han de desnudarse para entrar en el Metropolitam Museum?”, preguntaban en un cartel las Guerrilla Girls americanas, alegando la estadística de que sólo se cuelga el tres por ciento de la obra de mujeres artistas, mientras que más del 80 por ciento de los desnudos del museo son de mujeres. El Centro Pompidou de París ha expuesto una gran muestra con los fondos de sus colecciones firmados por mujeres, bajo el título elles@centrepompidou. Entre las españolas, María Blanchard y Cristina Iglesias y algunas latinoamericanas como la pionera mexicana Frida Khalo o Remedios Varo (de origen español) o la videoartista brasileña González, están presentes en la exposición. Entre los visitantes la artista hispano-portuguesa Linda de Sousa, que prepara una exposición sobre Mujer y Erotismo, después de sus instalaciones sobre el maltrato de la mujer.

      Había que hacer una reflexión sobre la mujer creadora y el Centro Pompidou de París la ha hecho con sus fondos en una muestra quizás excesiva, gigantesca, que impide la recepción del mensaje de modo claro y definitivo, pero que supone un nuevo planteamiento en la presentación de las colecciones en aras de un género, el femenino, que ha sido preterido por la abundancia y complicidad de los artistas varones. Cabe recordar al respecto la célebre Historia del Arte de Ernt Gombrich en 1950, que no cita una sola mujer y el no menos conocido artículo ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?, publicado en Artnews en 1971, donde su autora Linda Nochlin asegura que no se trata de negligencia u olvido, sino el hecho de considerar “marginal” todo lo que hace una mujer.

Entre los nombres relevantes expuestos en el Pompidou destacan Louise Bourgeois, Sonia Delaunay, Maria Elena Vieira da Silva, Gae Aulent, Meret Oppeheim, Tamara de Lempira, Susanne Valadon, Hanna Hoch, Sophie Taeuber Arp, Natalia Gontcharova, Barbara Kruger, Agnès Thurnauer, Niké de Phalle, Gina Pane, Dora Maar, Germaine Reír, María Galindo... No olvidemos que entre las artistas del impresionismo también destacaron nombres de mujer como Mary Cassat.

Recordemos que en el Museo del Prado, apenas llegan a media docena de nombres de mujer, entre las que se encuentran La Roldana, Rosalba Carriera...
Feminización de la pobreza y misoginia global
En suma, una exposición la del Pompidou que ha sido un hito en el arte hecho por mujeres artistas, una llamada de atención sobre la creatividad femenina que durante el siglo XX tuvo un despegue de vértigo, una llamada de atención a los museos y coleccionistas para que cuenten con las artistas mujeres con un discurso singular e interesante. Por su parte, el Centro Valón de Bruselas, situado frente al Centro Pompidou también expone una muestra titulada Cris et chuchotements (Gritos y susurros) que explora los temas de identidad e intimidad de la mujer, con nombres como la cubana Ana Mendieta, Kiki Smith, Nancy Spero, Sophi Calle, etc.

Ha sido el siglo XX el del gran despegue de la mujer como artista, señala la estudiosa Natalie Ernoult. Ellas han sido protagonistas de las vanguardias, aunque sus nombres hayan quedado después sepultados por la desidia de la marginalidad impuesta. Tres temas han despertado la denuncia en las artes de las mujeres, sobre todo entre las latinoamericanas: la feminización de la pobreza; la explotación de la emigración y finalmente, la globalización de la misoginia, una enfermedad de difícil curación a juzgar por la pandemia de los malos tratos.




Christo y Jean-Claude, dos artistas que envuelven el espacio en el Museo Würth


Escultura de Reyes

Christo & Jean-Claude. Obras en la Colección Würth
Museo Würth La Rioja.
Polígono El Sequero. Agoncillo. Logroño
Del 25 de Julio de 2009 al 31 de marzo de 2010




Julia Sáez-Angulo

Una exposición que hace un recorrido por todos los proyectos que estos dos artistas del “arte envuelto” han llevado a cabo durante su trayectoria profesional, que va desde envolver islas a puentes, arcos de triunfo e interiores amplios. Una mirada retrospectiva a la producción artística de Christo y Jeanne-Claude, que abarca desde los inicios en 1964 hasta los proyectos en curso, en la que se repasan cronológicamente las obras a gran escala más populares de la pareja, en las que grandes edificios o espacios públicos o naturales son envueltos con telas. La colección Würth cuenta con más de un centenar de obras de estos artistas.

Un total de 92 piezas expuestas de modo cronológico por el comisario Josy Kraft, que comienza con objetos envueltos por Christo en las décadas de los 50 y 60 para seguir con las intervenciones de ambos en entornos públicos como “Surrounded Islands, Miami, Florida 1980-1983”; “The Gates; Central Park, Nueva York, 1979-2005” o sus proyecto actual “Over the river, Proyecto para Río Arkansas, Colorado” y el futuro de la “Mastaba” una edificación de mayor tamaño que las pirámides de Egipto, que se ubicará en Emiratos Árabes Unidos, formada por más de 400.000 barriles de petróleo.
Christo y Jeanne-Claude exponen también la obra “Suelos y Escaleras Envueltas y Ventanas Cubiertas. Museo Würth Kunzelsau, 1995”, que tuvo lugar en la empresa Würth y el Würth Museum de Alemania durante tres meses en que empleados y visitantes pudieron ver transformada las sedes habituales con las telas envolvente de estos artistas, lo que les confiere una nueva visibilidad y perfil de formas. Durante ese mismo año los artistas empapelaron el Reichtag de Berlín, cuyo modelo de preparación se presenta por primera vez en España. Anteriormente empaquetaron en lonas el Pont Neyf de parís, con lo que la ciudad de l luz cobró una nueva silueta.

Barceló, Valdés, Plensa, Navarro...



Más de 90.000 personas han visitado el Museo Würth La Rioja, desde que se inauguró hace cuatro años. La exhibición del fondo de arte de Würth España incluye piezas de Miquel Barceló, Manolo Valdés, Miquel Navarro, Jaume Plensa y Richard Deacon.
El Grupo Würth se fundó en 1945 en el pequeño pueblo de Künzelsau, en Baden-Württemberg, por Adolf Würth, como una empresa mayorista de tornillos, en el contexto de una Alemania devastada por la guerra. El Sr. Würth vivió únicamente nueve años más, tiempo que destinó a formar a su hijo Reinhold, quien recibió en 1954 la herencia, con 19 años, de una empresa formada por él mismo y otro empleado. El Grupo Würth está presente en los cinco continentes y cuenta con una plantilla formada por unos 60.000 empleados.
La colección de arte Würth es seguramente la más importante de Europa; cuenta con once mil piezas que se reparte en los museos que tiene en Alemania, Italia, países nórdico s y España. Es habitual ver al señor Reinhold Würth llegar en su propia avioneta hasta la base aérea de Agoncillo (La Rioja) muy cerca de su museo.


Fotografías de Lisette Model en la Fundacion Mapfre

Lisette Model
Fundación Mapfre. Instituto de Cultura. Madrid
Sala AZCA ; Gral Perón, 40
Comisaria Cristina Zelich
Del 22 de septiembre al 10 de enero de 2010




Julia Sáez-Angulo


Nacida en Austria pero nacionalizada estadounidense desde 1974, Lisette Model (Viena, 1901-1983) es una fotógrafa que comenzó su carrera a los 33 años, después de haberse interesado por la música y la pintura. Sus obra, conservada en los archivos de la National Gallery de Canadá es objeto de una bella exposición en la Sala Azca de la Fundación Mapfre, que ha organizado la muestra en colaboración con el Jeu de Paume de París. La obra abarca el período 1933-1956.

El nombre de Lisette Model es uno de los grandes de la fotografía del siglo XX. Sus instantáneas se caracterizan por su arte de mirar a la gente que mira otros espectáculos que están fuera de sus ojos, lo que provoca una cierta perplejidad: damas mirando un desfile de modas; mujeres mirando desde una barra de bar; mujeres en el Paseo de los Ingleses de Niza, en el que retrata la gente indolente y perezosa de la década de los 30.

Lisette Model se casó con el pintor Evsa Model de origen ruso. Después huyó de Europa durante la oleada nazi. Mujer de rica familia burguesa, trabajo sin embargo toda su vida. Su lema como fotógrafo era “Fotografía con el estómago”. Ella siguió el consejo de uno de sus compañeros de oficio, Rogi André: "fotografía sólo aquello que te atraiga, aquello que te interese".
La fotógrafa, investigada por el Comité de Actividades Antiamericanas, durante la 'Caza de Brujas', refleja durante ese período "el miedo la atenaza y sus imágenes no son tan directas", ha explicado la señora Zelich, comisaria de la exposición.
Autodidacta en la fotografía, Lisette Model ha sido sin embargo una profesional dedicada con entrega a la docencia. De su escuela salieron figuras como Diane Arbus; Bruce Weber o Larry Fink. En la exposición se exhiben las series: “Running Legs”; “Pedestrians”, y “Reflections”. La fotógrafa indagaba al ser humano a través de sus imágenes.

La ciudad de Nueva York le fascinó de manera notable y lo registró en su cámara en las series norteamericanas sobre la salida de la Ópera de San Francisco, las calles de Lower East Side, Coney Island o el Sammy's Bar de Nueva York, donde se adentra en el jazz, en el mundo del espectáculo y en la atmósfera de los bares nocturnos.

Nuevos miembros de la Academia de la Hispanidad



L.M.A.

La escritora Julia Sáez-Angulo y doña Isabel de Mandaluniz, duquesa de Veragua, han ingresado como miembro de número en la Academia de la Hispanidad, dependiente del Capitulo de Nobles Caballeros y Damas de Isabel la Católica. El acto tuvo lugar en Madrigal de las Altas Torres, lugar de nacimiento de la citada Reina, donde cada año se lleva a cabo el ceremonial en el palacio del rey Juan II, padre de Isabel.

El acto estuvo presidido por el Gran Maestre, José María Gómez y Jesús Sevilla, presidente de la Academia de la Hispanidad. El profesor Manuel Fraga Iribarne y Doña Rosario Sáez Yubero, rectora de la Universidad Católica de Ávila, fueron nombrados también académicos honorarios. El obispo de Ávila, don Jesús García Burillo es igualmente académico de honor.

Por otro lado, los escritores Basilio Rodríguez Cañadas, presidente del Pen Club de España y Manuel Muñoz Hidalgo han ingresado en el Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica en Madrigal de las Altas Torres. El acto tuvo lugar en el histórico convento de Madres Agustinas de la localidad.

El dramaturgo Muñoz Hidalgo ha presentado recientemente en Polonia su poemario bilingüe La calle del vacío, en el que se reflexiona sobre la crueldad y tristeza del holocausto en Auschwitz. Actualmente prepara una obra de teatro sobre la figura de Isabel I de Castilla, conocida como Isabel la Católica.

Entre los miembros académicos se encuentran Maria Rosa Calvo Manzano, Luis Leal, Maria Rosa Jordán, Arturo Vinuesa, Alfredo Pastor Ugena y Claudio Becerro de Bengoa.



Pepa Jordana, esculturas en cerámica y porcelana

Julia Sáez-Angulo


La trayectoria escultórica en cerámica de Pepa Jordana se inscribe entre las más brillantes de la actualidad artística. Son bien conocidos sus “Guerreros” de gran monumentalidad y belleza, así como sus murales en gres. Después de su estancia en Japón, donde se han adquirido obras suyas para museos y coleccionistas, la autora presentó su última producción en formato mediano bajo el título de “Mis Refugios”. Se trata de esculturas en las que confluyen dos o más planos con fuerza y más adelante expuso sus piezas en el Espacio Jordana, junto a otra ceramista, Cármen Pérez.

La obra de Jordana se caracteriza por la presencia de arquitecturas misteriosas y cerradas. Lugares de refugio y mirada al mismo tiempo por las aberturas o vanos que permiten observar. Al mismo tiempo, la autora presenta sus planos proyectados en tercera dimensión, casi siempre con las medidas minimalistas del cuadrado, en los que se abren mordientes quebradas, óculos, estrías o ventanas sugerentes, donde se alternan diversos materiales como la porcelana, el cartón, la pasta de papel... invitando a un tacto que produce a veces cierta musicalidad.

Respecto a las esculturas de Pepa Jordana, la comisaria Sabine Wilp comenta : “el juego con las formas geométricas en una multitud de variaciones forman su escenario. Un efecto interesante es la concentración en el centro de las composiciones, colores y texturas, que están aplicados para acentuar las formas”. Esta escultora presentó en Japón, con gran éxito de crítica, una serie de esculturas cerámicas titulada “Guerreros”. En porcelana sigue con la misma serie formal y consigue una solidez hermosa, al rebajar el blanco con presencias cromáticas ocres.


Espacio Jordana

La obra cerámica de Pepa Jordana es una abstracción formal, de un porte sereno y una presencia elegante. Materiales, calidades y texturas se funden con la máxima autoridad en cada pieza. La autora ha querido aligerar el peso de sus esculturas y ha investigado para mezclar la cerámica, con la porcelana y la pasta de papel, sobre todo en los pequeños formatos.


Pepa Jordana ha abierto una galería con su propio nombre en Madrid: "Espacio Jordana”, en la calle Núñez de Balboa, 56, en donde exponen los mejores ceramistas de España como Arcadio Blasco, Marciano Buendía, Carmen Pérez, Carmen de Andrés, Pilar Carpio y otros.


Iris Lázaro y Eduardo Laborda, pintores figurativos y coleccionistas



Libro sobre E. Laborda


Julia Sáez-Angulo


Eduardo Laborda e Iris Lázaro son un matrimonio de pintores, a la cabeza del arte figurativo con toques oníricos o fantásticos. Coleccionistas de antigüeadades “desde siempre”, han rescatado de anticuarios, brocanters y ropavejeros: ricos textiles del XVII al XX; preciosos maniquíes de los años 40 y 50; placas, carteles y anuncios publicitarios de tiendas y almacenes de la primera mitad del XX; botellas y vasijas de todos los tiempos; juguetes, en especial viejas muñecas con algunas Mariquita Pérez; cerámicas; azulejos; muebles modernistas o decó popular; pintura de dignos autores del XIX que habían quedado en el olvido; tallas de siglos diversos... Su casa es el paraíso de las antigüedades y muchas de ellas se cuelan por amor y necesidad en la pintura de sus cuadros. Ellos han logrado la mejor amalgama que se puede lograr entre las antigüedades y su representación ilusionística en la pintura.

Viven en Zaragoza y son miembros fundadores y activos de APUDEPA (Asociación Pública para la defensa del Patrimonio Aragonés), que otorga a su manera los premios naranja y limón para los que defienden o destruyen la riqueza artística del pasado. Los galardones suelen recaer casi siempre como en la última edición: el naranja para la iniciativa privada, a unos ingleses que han restaurado con respeto un castillo cercano a la capital del Ebro y el limón, para las instituciones públicas que han cometido un nuevo desaguisado arquitectónico. Todo esto conlleva y trabajo y desgaste que asumen: escritos, protestas, manifestaciones... Un coste político, popular y mediático no siempre compartido por todos en la sociedad aragonesa. A la vista de la experiencia son conscientes de que el patrimonio histórico artístico tiene que estar velado por el interés de la sociedad civil; dejarlo sólo en manos de los políticos es arriesgarse a la especulación y los desmanes.


Iris Lázaro y Eduardo Laborda


Rico mundo de los textiles en los cuadros

Iris Lázaro (Trévago.Soria, 1958) se considera ya aragonesa –sin perder sus raíces- por el tiempo que lleva viviendo en Zaragoza donde estudió Artes Plásticas. Acaba de exponer una retrospectiva de quince años en el espacio cultural Gaya Nuño de Caja Duero en Soria. En ella se han visto sus cuadros con asombrosos textiles inflados que dan cuenta de ausentes presencias del pasado. De familia de modistas y bordadoras, la pintora ha guardado labores primorosas en manteles, ropas de cama, blusas, pololos, faldas, corpiños, pecheras, cuellos, sombreros... a los que ha sumado los adquiridos posteriormente. Un auténtico dechado de perfecciones.

“Unas son piezas de familia y otras adquiridas en anticuarios o ropavejeros, a veces en condiciones lamentables, pero he llegado a punto para salvarlos”, declara. Cuando las piezas se encuentran así, te las venden a buen precio y eso siempre es estimulante. “Muchas veces es Eduardo el que las descubre y me avisa para que vaya a verlas. Con frecuencia me encuentro con valiosas sorpresas que compro en medio de la ignorancia de quien las vende, pero otras veces se trata de una salvación in extremis”. Iris muestra igualmente trajes de alta costura, bien cortados y rematados, de los años 40, enviados desde México a España en los años de posguerra con tantas carencias en la península. Tienen un fuerte poder evocador de la estética en la indumentaria de aquel momento. “Estos trajes son de familia”, explica.

“Dama del Bhethnal Green Museum” (180 x 81 cm.) es un óleo que reproduce en gran escala y a cuerpo entero, un vestido rojo con cola, tontillo y gran lazo trasero. “Jardín” es otro cuadro que representa el paseo de una silueta femenina vacía y vestida con una blusa azul petróleo ornada con entredós blanco, sobre una falda larga blanca, recogida bajo la cintura. “Aeronauta”, otro cuadro que vuelve a tomar la misma blusa azul con largos pololos blancos plisados y bordados. Inquietante resulta un cuadro titulado “El guardián del desierto” con vestimentas esponjadas de blusa rosa, pololo blanco y fajín verde sobre un paisaje pétreo en un atardecer rosado. Capítulo aparte merecen los cuadros con sus textiles de rayas marineras con sobrefaldas y gorros.

Todas las prendas existen en los armarios de Iris Lázaro que las orea y conserva porque conoce la fragilidad de los textiles. Curiosamente no titula sus cuadros con ellas sino que va más allá en el concepto, como en el cuadro “Atenea” (1992) en el que pone nombre de una diosa a la maniquí de los 40 que lleva la ropa, lo mismo que en “Aguanieve” (1995).

El capítulo de los azulejos y las cerámicas con rótulos publicitarios ha sido otra constante en sus series pictóricas. Conservar los viejos anuncios de tiendas o productos que esperan su deterioro o demolición ha sido un deseo de Iris Lázaro. Así lo ponen de manifiesto cuadros como “Gráfica maraña” (1990), “Arrecife del sur” (1991), “Camino de los Cubos” o “Cerámica de Talavera” (1994). La naturaleza salvaje o enmarañada suele dialogar pictóricamente con los azulejos cerámicos representados en una lucha por ocupar el espacio.

La última etapa de Iris Lázaro –expuesta también en Soria- resulta más metafísica. Se centra en paisajes frondosos en la espesura de un bosque o envuelto en la niebla. Es como si la pintora se hubiera acercado al espíritu del romántico alemán Friedrich. El coleccionista sueco, Christian Tornakull, adquirió el cuadro “Tierra del viento del norte” para exponerlo en la colección de la ciudad de Lund.

La pintora ha expuesto también grabados al aguafuerte o a punta seca en blanco y negro, inspirados en la naturaleza y recientemente ha completado la pintura mural del gran salón de actos en Cajalón (Zaragoza) con figuras alegóricas.


Obra de Laborda

Representación de monumentos y alegorías de la ciudad

       Eduardo Laborda, por su parte, ha puesto su atención en las viejas estatuas de corte clásico o barroco como un nuevo Polifilo, el personaje del Renacimiento que paseaba en las noches de luna por los jardines y parques para besar las bocas de golondrina de las esculturas que los ornamentaban. Como a Miguel Ángel, le gusta la estética de la ruina o el fragmento y, con viejas estatuas, ha construido una gran trilogía alegórica de las tres provincias aragonesas –Zaragoza, Huesca y Teruel- atesoradas por un mismo coleccionista. Recientemente, el pintor ha tenido su gran exposición antológica en Cajalón, entidad financiera que cuenta con una buena colección de cuadros de Eduardo Laborda.

“Me gusta la pintura del XIX por el dominio y la maestría de técnica que tiene. Es una pintura que requiere tal perfección en el dibujo y en el color que no deja de asombrarme, incluso en nombres menos conocidos que no han trascendido a la fama historiográfica”, explica Laborda. La mitología clásica a través de la estatuaria, mezclada en una segunda época con maquinaria o artilugios industriales o mecanicistas ha sido tema habitual de sus cuadros. Pasado y presente; mito y realidad; vanitas... el tiempo en definitiva. “El enigma de la esfinge” (1990) y “Guardianes del tiempo” (1991) hablan con elocuencia del trasunto pictórico.

“Fin de siglo” (2000) acoge en el lienzo la figura pétrea de la esfinge junto a artilugios herrumbrosos de aperos agrícolas o fragmentos de vehículos obsoletos. De nuevo la alegoría del tiempo que dinamiza con el título. Alegoría como rareza en el presente y consecuente con la posmodernidad, que Laborda afronta con gusto y firmeza. Él es un artista que hace y pinta lo que quiere hacer.

“Entre las máquinas representadas junto a las estatuas hay algunas curiosas fotocopiadoras de los años 30 y 40. Muy especial, la que reproduce documentos que se encuentra a la izquierda de una barca”, explica Laborda.



Iris ante una de sus obras


Un excelente museo etnográfico y antropológico

Hay otras antigüedades de la colección que también entran en sus cuadros: el titulado “Jarrón clásico” (1995) que acoge de nuevo esfinges en las asas del gran florero y que ocupa un poderoso primer plano con una ciudad perdida al fondo. “Se trata de una gran ánfora de calamina de primeros del XX adquirida en Zaragoza. La compré porque sus asas eran dos esfinges aladas que se asomaban a la boca del recipiente y en aquella época yo pintaba numerosas esfinges”, explica el pintor. La esfinge es el personaje mítico, mitad mujer, mitad pájaro, de gran capacidad de sugerencia por su inteligencia y crueldad.

“La santa relicario del siglo XVII que tenemos en casa, la he pintado en varias ocasiones porque su presencia da vida a un personaje del pasado que convive con un paisaje actual o con otros elementos encontrados. También he incluido en mis cuadros la escultura “El mar” (1922) del gerundense Fidel Aguilar, que a su vez viene en un anuario de José Francés. Esta pieza la compré en el Rastro madrileño”, cuenta el artista.

Antigüedades y pintura; pintura de antigüedades, sólo podría darse en la casa y el estudio de dos pintores tan singulares como Iris Lázaro y Eduardo Laborda.



Fernando Savater, Historia de la Filosofía sin temor ni temblor



Historia de la Filosofía sin temor ni temblor
Fernando Savater
Ilustraciones de Juan Carlos Savater
Editorial Espasa
Madrid, 2009 (Pags 302)


Julia Sáez-Angulo


Profesor de Filosofía en la Universidad y hombre comprometido contra el terrorismo etarra, lo que le obliga a llevar escolta, Fernando Savater ha publicado una Historia de la Filosofía asequible para jóvenes y divulgación general. El libro es un acierto de claridad –“la cortesía del filósofo es la claridad”, decía Ortega y Gasset- y de alegre presencia en un libro de pastas duras ilustrado por Juan Carlos Savater, cotizado pintor contemporáneo y hermano del autor. Es el segundo libro que Juan Carlos ilustra al filósofo; en 2005 ilustró la novela para jóvenes “El gran laberinto”.
Historia de la filosofía sin temor ni temblor lleva el título con letras de viñeta de comic, al estilo de Mortadelo y Filemón, aunque, según el autor nunca se quiso hacer las ilustraciones con humor y tampoco con la seriedad de la antigua estampa.


Para Fernando Savater no se trata de un libro de autoayuda sino de filosofía, es decir que trata de contestar las grandes preguntas que se hace el hombre ya desde la infancia o la primera adolescencia. Las preguntas básicas que se hace la filosofía tratan de la muerte, la verdad, la justicia, la naturaleza, el tiempo... A quien no le asuste ser humano no puede asustarle la filosofía. Hacer filosofía no es sino reflexionar sobre nuestra humanidad.

El autor negó que el éxito de “El libro de Sofía” estuviera detrás de este proyecto, ya que fue al revés, Jostein Gaarder se inspiró en sus libros “Ética para Amador” y “Política para Amador” para escribir su best-sellers. El propio autor noruego se le acercó en una ocasión para darle las gracias por ello.

Fernando Savater reconoce que la filosofía puede latir en la poesía, en la literatura en general y él mismo lo muestra en los cursos universitarios que imparte sobre Filosofía y Literatura. “En algunos textos de Shakespeare hay más planteamientos filosóficos que en los de algunos filósofo”. También en la obra de Cervantes, Goethe, Tomás Mann e incluso Borges, que esconde sus reflexiones filosóficas en sus libros

El filósofo dice que siempre había querido hacer un libro de divulgación con ilustraciones, porque le recuerdan los de su infancia y porque cuando acude a la Feria de Bolonia siempre disfruta con las exposiciones de los mejores ilustradores del mundo. Por su parte Juan Carlos Savater dijo que no le suponía un gran corte su trabajo de creación con el de la ilustración, aunque fueran diferentes. Reconoció igualmente que disfrutaba con los libros ilustrados y en este caso ha sido la creación de una pareja joven, Alba y Nemo, que reflexionan al final de cada capítulo sobre lo que dice un filósofo de la historia. Al final los dos niños están sentados en un pupitre junto a Fernando Savater y los tres parecen escuchar a Bertrand Russell.

Un índice onomástico de filósofos permite la localización inmediata de los mismos: Sócrates, Platón, Hesiodo, santo Tomás de Aquino, Avicena, Averroes, Ortega y Gasset, Wittgenstein, Sastre, Kant, Pascal, Hegel, Einstein, Séneca, Diderot, Ruiz de Santayana, Unamuno... sólo hay dos mujeres, entre ellas María Zambrano.
Un observación: las pequeñas reseñas biográficas del autor y el ilustrador no llevan el lugar y la fecha de nacimiento, datos fundamentales que al lector le gusta conocer.


jueves, 22 de octubre de 2009

Jaume Estartús, potencia de la pintura informalista


Jaume Estartús


Julia Sáez-Angulo

Es hombre de ciencia y de humanidades, un renacentista de nuestros días. El foco vital de Estartús, a partes iguales o casi idénticas –si es que la pintura no devora con creces al Doctor en Medicina- se debate entre el arte y la consulta. Su consagración a la pintura es tan fuerte que, cuando expone al público, sus obras fascinan al espectador y se adquieren hasta en tiempos de crisis. Recientemente mostró su último trabajo plástico en la madrileña galería Victor i Fills. Actualmente prepara un libro antológico sobre su obra, que se presentará en primavera de 2010 en Madrid y Barcelona.

A Jaume Mestres Estartús (Barcelona, 1949) le gusta reflexionar por escrito y en voz alta sobre el arte: “La vida de un hombre y la acción de pintar están indisolublemente unidas. Creo que la posible dotación de talento para cualquier manifestación artística tiene una determinación genética. El artista nace, no se hace; otra cuestión es el grado de habilidad para la ejecución de una obra que esto sí que puede ser enriquecido o madurado por una formación artística o intelectual más o menos académica. Pero el talento, no para la ejecución, sino para la concepción de una obra es más primario, más visceral, más vital y mucho más autónomo en cualquier artista.
Yo empecé a garabatear paredes a los tres años para desespero de mis abuelas (no de mi madre que me dejó huérfano a esta edad) y cuentan que mi regalo favorito en mi infancia eran las cajas de lápices y tizas. Desde que recuerdo he pintado durante toda mi vida”.

Sin embargo su comienzo profesional estuvo en la Medicina: “Desde pequeño tuve expresamente prohibido por mi padre el dedicarme a cualquier manifestación artística, pues no lo consideraba ni serio ni formal ya que lo equiparaba a una vida bohemia desconfiando de la posibilidad de hacer de la pintura un medio de vida por lo que nunca tuve su apoyo. Para poder estudiar Bellas Artes, tuve también que matricularme en Arquitectura y en Medicina. Me licencié en 1974 y me doctoré en 1977. Tengo que agradecer sin embargo que estos estudios me permitieran el vivir para pintar y no el pintar para vivir. Ciertamente es un privilegio, ya que te permite hacer lo que realmente sientes prescindiendo de arropar o adornar los aciertos, porque esta actitud suele ser fatal, se estará confundiendo creatividad con buen hacer, y el acierto superficialmente grato con el arte”.

Habla de sus maestros: “No sé si referenciales porque es evidente que aún de forma inconsciente nuestra retina asimila lo que nuestro cerebro después procesa, almacena y luego puede ser que en muchos casos termina por fagocitar. Le listaré los maestros más admirados por mí: en un primer grupo situaría a Turner, Sisley, Sorolla, y Gimeno. En un segundo a Redon, Derain, Kandinsky, Poliakoff, Münch y Ludwing-Kischner. En el tercero a Séller, Matisse, Ernst , Picasso, Gris, Delaunay, Braque y Pollock. En el cuarto a Tapies que siempre me ha fascinado por su capacidad de transmitir un mensaje sintético, unidireccional y con pocas referencias estéticas en general pero con una gran dosis de autenticidad y honradez pictórica.



Trabajo sobre planchas de cobre, plomo y aluminio



       De consejos y técnicas pictóricas: “Durante los estudios de Bellas Artes, más que aprender lo que debía hacer, aprendí lo que de ninguna manera quería terminar haciendo. No querría dar la impresión de presuntuoso, pero creo que el mejor consejo plástico que puede uno recibir es que nunca te den ninguno. Es probable que cualquier “consejo” te lleve a que los cuadros solo tengan buen gusto y es precisamente el “buen gusto” ( el gusto de una época, los cánones de la sensibilidad o moda imperante) quien pinta ese cuadro. Ese es un peligro que siempre hay que mantener a raya. El pintor de genio, el artista con personalidad, es capaz de sobreponerse a ese gusto y crear su propio lenguaje, en un proceso que puede ser complicado o menos, más intuitivo o menos, más consciente del contexto en el que se utiliza su obra o menos, pero en definitiva siempre libre”.

Sobre materiales para su trabajo explica: “Utilizo la pintura al óleo, acrílico, lápiz graso, ceras, grafito y tinta china, sobre soporte de lienzo o cartón. Como material volumétrico empleo arena filtrada de playa , cemento, alquitrán, colas sintéticas, polvo de mármol y resinas de poliéster junto con pasta de hierro. Los collages son por lo general de cartón roto, arpillera, madera y fibras sintéticas. A partir de 1998 cambio el soporte del lienzo por el de las planchas de hierro sometidas a procesos naturales de oxidación y posteriormente tratadas al fuego y distintos ácidos para modular dicha oxidación. También he trabajado sobre planchas de aluminio, plomo y cobre. No soporto ni la acuarela, ni el pastel. Me encanta aplicar técnicas de gratage sobre pintura fresca”.

El acto creativo y el proceso son decisivos: “La filosofía de la vida y la concepción pictórica se utilizan como un medio para expresar libremente las ideas, metas y problemas. Para mí, empezar cada trabajo es sumergirme en una aventura hacia lo desconocido, pues lo primordial es el propio proceso creativo. A lo largo de este proceso surgen recuerdos, ideas o sentimientos, determinantes en el resultado final. El credo es la capacidad que tiene el soporte y la materia pictórica de contener y transmitir emoción, además de construir la forma. Son cuadros dirigidos a nuestro cuerpo, a nosotros como materia espiritual. También están dirigidos a nuestro ojo, por supuesto, pero desaparece la figura de la pintura como intermediaria con otros mundos, y la figura de la pintura como lugar de la belleza. Siguen existiendo cuando se apaga la luz. Están ahí, respiran, pesan crecen, actúan”.

“La filosofía del existencialismo, centrada en el absurdo existencial y en la búsqueda de la libertad personal más allá de toda cultura adquirida y de todo prejuicio, esta detrás de mi obra. Para mí, es un medio de liberar mi inconsciente y desasosiego interior a través de un gesto automático a veces violento que se proyecta sobre la obra. Ahí radica la base del acto creativo, entendido como una proyección psíquica del artista sobre el soporte material de la obra, relegando a un segundo plano el resultado formal de la obra terminada”.



Desde el informalismo catalán al rigor de los materiales


“He intentado sentir físicamente la materia, en un austero y sobrio dramatismo, ajeno a cualquier efectismo retórico. Un mínimo detalle puede cobrar una importancia enorme, puede decidir el sentido de un cuadro que está lleno de recovecos. Pintar para mí es una manera de acercarme a la trascendencia. Un hombre inteligente, capaz de extremar el rigor frío del análisis racional, encuentra en la pintura una manera de decir, de decirse a sí mismo e ilusionarse con ello, que el hombre esté sostenido por un espíritu”.

El informalismo catalán late en su primera obra: “El desarrollo de mi pintura habría llegado a un punto en el que demandaba el paso desde la representación convencional a la de íntima percepción de la realidad. El secreto está en que es imposible contemplar objetivamente un objeto, ya que siempre hay una reacción personal y esta reacción, la mayoría de las veces, no tiene nada que ver con el objeto en sí. El abandono de la figuración fue el resultado lógico de un proceso gradual. Las obra son realidades en sí mismas, no por lo que representan y como objetos reales, provocan una reacción que nos invita a entrar en el mundo personal e íntimo del autor, abriéndonos la puerta a su imaginación, sus pensamientos y problemas, en definitiva, a su realidad más interna. El proceso de creación no es sino el proceso vital, un cuadro es un fragmento de recorrido, un pequeño resumen de la experiencia vivida”.

“He ido depurando mi personal mirado sobre la abstracción contemporánea. La exploración de las posibilidades expresivas de los elementos geométricos, así como de los diversos terrenos del informalismo. Ello dio paso a partir del 2000 al tratamiento recurrente del hierro como soporte ideal para plasmar la sensibilidad condicionada por múltiples inquietudes intelectuales. El despojamiento consiguiente de toda referencia extraña a la materia pictórica misma fue labrando una producción cada vez más exigente, presidida por el afán de alejamiento respecto a los conceptos tradicionales de representación que habían determinado el curso de mi pintura. Esta estética despojada de convenciones, incluida la de la aspiración a cualquier ideal de belleza, se refleja en cada una de las piezas que arrancadas de la realidad, cobran forma y sentido en la profusión de pigmentos y oxidaciones hasta exigir a éstos y al propio soporte férrico en los elementos esenciales de un lenguaje capaz de intentar transmitir la seducción espiritual”.


Más de mil obras durante 40 años en lienzo, papel y chapa


Todos tenemos metas: “Supongo que para cualquier artista lograr que el espectador se interese por su obra, pierda su tiempo en analizarla, trate de comprenderla, sintonice con la misma y termine por emitir un juicio de valor en función de lo que esta le comunique, es la culminación de su realización como pintor. Para mí, sin embargo, solo el hecho de el espectador se pare ante mi obra, aunque esta le incomode, le disguste o llegue a darle arcadas me gratifica mucho más que el que pase por delante de ella sin pararse o le deje indiferente”.


“He pintado a lo largo de 40 años unas 700 obras sobre papel y cartón y más de 600 sobre tela, madera y planchas metálicas. A pesar de lo que dijo Picasso:” el verdadero arte no es pintar un cuadro sino venderlo porque se necesita mucho arte para vender una obra”, tengo que decir que personalmente no me ha interesado demasiado entrar en el circuito de la distribución comercial de mis obras. He llegado a tener aparcadas más de 200 en mi taller varias veces a lo largo de mi vida sin “salir al mercado” a pesar de la insistencia de varios Galeristas interesados en ello. Para mí, una obra que se vende es como un hijo que se va y no volveré a disfrutar. Supongo que en mi caso el hecho carece de valor ya que me considero un privilegiado que no ha tenido que vivir de su pintura. Me disgusta el que se pueda terminar comprando con dinero un trozo de mis vivencias, de mis sentimientos, de mis frustraciones, de mi cerebro, de mi alma, de mi ser en definitiva”.

“Estoy convencido que lo expuesto es puro egoísmo. A quien Dios le hadado la posibilidad de poder ofrecer a sus semejantes una realización artística, adquiere el compromiso y la obligación de mostrarla para su aprobación o su rechazo. Resulta evidente que más tarde o más temprano todo artista sucumbe a éste reto y capitula. También es verdad que en nuestro íntimo ego el que alguien termine hipotecando algún metro cuadrado de su hábitat con una de sus obras, resulta muy gratificante”.


Museo Sacro en la Residencia de San José de El Escorial



Julia Sáez-Angulo


En 2002 se hizo la reforma de la hermosa Residencia de San José de El Escorial, rodeada de jardines y construida en los años 1966 por el arquitecto Aranguren. Fue entonces, con motivo de la reforma, cuando la provincia norte de la congregación decidió aunar en ella los bienes histórico-artísticos de su propiedad, a modo de museo o conjunto de colecciones, que hablan de su historia fundacional, trayectoria y logros a lo largo de más de dos siglos en España. La mayoría de los numerosos libros antiguos que atesoran quedaron en la biblioteca de la gran sede en Miranda de Ebro (Burgos), el enorme convento de San Francisco, la casa madre, que adquirieron de los franciscanos al llegar de Francia. Convento que estaba abandonado tras la desgraciada desamortización de Mendizábal, verdadero azote del patrimonio histórico artístico español.

Este Museo de los Sagrados Corazones de la zona norte de España está dentro del edificio de la Residencia de San José, en un precioso espacio zigzagueante de la parte superior, con todas las garantías de seguridad posibles, desde la térmica –se conserva a una temperatura constante- a la antirrobos. El pequeño gran museo de los SS.CC. alberga casi un millar de piezas custodiadas, que se reparten por colecciones o temas: pintura, escultura, grabados, ornamentos textiles; objetos litúrgicos... También cantorales, antiguas Biblias (una de ellas políglota en cinco lenguas clásicas muy apreciada en la comunidad), viejos testamentos en pergamino y libros sagrados, además de colecciones singulares de relojes de bolsillo y de muñeca, plumas estilográficas y monedas conmemorativas. Las joyas de este museo estarían en una serie completa de grabados de Durero, de la que sólo se han expuesto veinticuatro y una hoja manuscrita del autor de la Summa Theologica de Santo Tomás, Aquino. Junto a ellas una Virgen románica francesa en marfil; un bello y sereno Ecce Homo, de pintura española; una deliciosa talla estofada de la Inmaculada del siglo XVIII; dos Cristos filipinos de marfil...

“Buena parte de esta instalación se debe a Santiago López, que fue padre provincial y falleció el año pasado”, explica José Antonio del Río, religioso al cargo de la Residencia San José, donde, además de acoger a los religiosos ancianos y jubilados de la congregación, tienen lugar reuniones de todo tipo, desde la conferencia episcopal a capítulos de diversas órdenes o congregaciones religiosas, amén de retiros y convivencias espirituales. “Santiago López era un hombre muy preparado, estudió Filosofía y Letras y conocía muy bien el arte. El mismo era un pintor notable, sobre todo como paisajista. Le gustaba la naturaleza y la plasmaba en su pintura. Él fue el artífice principal de este museo del que nos sentimos orgullosos”.

El padre Del Río es consciente de que el hecho de agrupar las piezas valiosas en estas colecciones ayuda a preservarlas y controlarlas. “Se ha hecho un inventario cuidadoso y exhaustivo que permite su identificación y control en todo momento”. Hay piezas de mobiliario que vienen de las familias de los religiosos, como el escritorio con dos sillones de cordobán del XIX o primeros del XX. También de algunas donaciones de particulares para las casas conventuales, que hoy se estima más conveniente que estén en el museo, así se le llama interiormente.

Por otro lado y en diferentes vitrinas se exponen curiosas colecciones, una, de casi doscientos relojes antiguos de bolsillo, y, otra, de cucharillas de agua para la Santa Misa, recopiladas en su día por el padre José Luís Lozano. A ellas se suma otra vitrina con relojes de pulsera de caballero. “Buena parte de los ejemplares vienen de los religiosos, familiares o amigos que los entregaban al padre Lozano, el coleccionista ya fallecido”, explica J. A. del Río. Junto a estas vitrinas, otras con una colección de más de medio centenar de plumas estilográficas y otra de monedas y medallas conmemorativas de efemérides religiosas, fundamentalmente de la santa Sede, con efigies de diversos papas y santos.


Conjunto de pinturas de Santiago López


Esta Congregación fue fundada el 24 de diciembre de 1800 por el padre francés José María Condrín y por la aristócrata Henriette Aymer de la Chevalerie. La Congregación ha procurado, sobre todo en los últimos tiempos de contar con buenos arquitectos y artistas a la hora de construir y equipar iglesias, residencias o centros. La iglesia del Padre Damián, en la plaza de los Sagrados Corazones de Madrid, inaugurada en 1963, se encargó al arquitecto García de Pablos. Allí se colocó un espléndido Cristo gótico de unos dos metros de altura procedente de La Rioja, y se contó con el artista contemporáneo Vaquero Turcios para que hiciera el Vía Crucis. Para el convento de San Miguel del Monte en Burgos, se le encargó en su día un gran azulejo al artista Padrós sobre las cuatro edades de Cristo: infancia, vida oculta, vida pública y crucificada. Allí quedó instalado después de vender el gran caserón a la Diputación de Burgos para una residencia de ancianos. De San Miguel procede una gran tabla sin policromar, de bella factura, que representa la Asunción de la Virgen y que hoy se guarda en el Museo de la casa de El Escorial.

Por su parte, la Residencia de San José cuenta, entre otros, con cuadros de algunas firmas contemporáneas, como la del pintor José Luís Olea, en un interesante nocturno sobre el monasterio de El Escorial o las pinturas de Santiago López. Para las habitaciones se encargó una curiosa serie de El Cristo roto, siguiendo la poética de los versos del padre Cué, que, después de la aparición de la imagen de un crucificado sin brazos, tras el desastre de la Guerra Civil de 1936, habla de que “mis brazos sois vosotros”, refiriéndose a los cristianos.

Podría decirse que los religiosos de los SS.CC. siguen las pautas recomendadas por la Santa Sede, a través de su comisión de Cultura, de que se cuide la ornamentación litúrgica y la imaginería o iconografía del culto, contando con artistas señeros y respetuosos de nuestros días. Después de todo, es la manera de seguir adecuadamente la historia y la tradición de la Iglesia en numerosas catedrales, conventos, colegios y otros recintos sacros.

Volviendo al Museo de los Padres de los SS.CC. en El Escorial cabe destacar el apartado de ornamentos textiles sagrados, donde se conservan numerosos ternos y capas pluviales de terciopelo bordados en oro y plata o de distintos brocados; casullas góticas de guitarra; estolas, porta-corporales, paños de hombros, amitos y antiguos hábitos, en su mayoría con el escudo de los Sagrados Corazones rodeados de la corona de espinas. También estandartes con temas eucarísticos. Todo un despliegue textil de gran valor, instalado en parte en antiguos confesionarios de rejilla con tres cuerpos de madera.

Muy cerca, bajo un viejo palio, tres grandes custodias de plata o plata sobredorada, muy queridas en la congregación: una de ellas, con los cuatro evangelistas rematada por una cruz de esmaltes con la Inmaculada y enriquecida con pedería; otra, con gran profusión y riqueza de halos o resplandores. No olvidemos que la congregación profesa una gran devoción a la Eucaristía, por lo que, junto al palio, a modo de instalación memorial, se ha colocado un reclinatorio neogótico sobre el que reposan un Libro de Horas y una antigua capa roja con la que los religiosos llevaban a cabo la adoración nocturna.


Ciriales, píxides, portapaces, patenas


Junto a las custodias, números objetos litúrgicos como candelabros, hachones, ciriales, incensarios, navetas, píxides, portapaces, relicarios, patenas, porta-comuniones... “De todo ello había muchas más piezas, que tristemente fueron desapareciendo en etapas más confiadas, de puertas abiertas en nuestras casas, por ello ahora hemos querido inventariar, fotografíar y custodiar la obras que tenemos en nuestro haber. Son nuestra historia”, explica el padre del Río.

El ámbito de crucificados y cruces es numeroso en formas, tamaños y materiales: desde los citados cristos filipinos en marfil o en talla de madera, hasta cruces pectorales en azabache, lapislázuli, ágatas, amatistas, pórfido... pasando por la Cruz de Jerusalén, en madera taraceada de nácar o una cruz relicario con Lignum Crucis, procedente de Santo Toribio de Liébana, regalo de los padre Jerónimos a los corazonistas, en agradecimiento por la custodia de sus bienes litúrgicos en tiempos de la guerra civil del 36. Junto a ellas una cruz del siglo XX con un Cristo de Subirach, procedente de Cataluña.

Una serie notable de iconos, en su mayoría rusos, hablan de la presencia de los corazonistas en Rusia, antes de la llegada del comunismo. Muchos de ellos están recubiertos en metal plateado o dorado al gusto ortodoxo y en su mayoría representan al Patocrator o a la Virgen Teotocos, rodeados de santos.

Para que nada falte, tres obras del siglo XX sobre papel del artista sevillano Francisco Gordillo. “Llegaron aquí porque el pintor estaba emparentado con un padre corazonista”, explica Del Río.

En un habitáculo aparte se encuentra el Espacio del Padre Damián, el misionero de los leprosos en la isla de Molocay (Haway), en el que se han instalado piezas de su iconografía en pintura, escultura o devocional, así como reliquias textiles del gran santo, cuya vida fue llevada al cine. También hay algunas piezas etnológicas de la isla oceánica.

La trayectoria misionera de la congregación les ha llevado a valorar el arte étnico de otras latitudes, principalmente de África, ya que el museo cuenta con un espacio en el que se muestra una apreciada colección de genuinas máscaras del continente, muchas de ellas estimados regalos de jefes de tribu agradecidos a los corazonistas por su labor humanitaria y religiosa. Junto a las máscaras, algunos instrumentos musicales de curiosa belleza formal y un Nacimiento tallado en madera clara, que luce no lejos de otro más grande, procedente de Paraguay, con las figuras navideñas en cerámica.

El Museo de los religiosos de los Sagrados Corazones tiene valor material, artístico y testimonial de la historia de una congregación durante dos siglos. Valdría la pena, quizás, que en un futuro se abriera al público, al menos un día a la semana, si se contara con un espacio que no interfiriera la marcha de la vida comunitaria y una museografía aún más protegida y adecuada para una exposición segura. La Comunidad de Madrid podría apoyar esta gestión para enriquecer su panorama museístico. No olvidemos que son cada vez más numerosos los monasterios y conventos que exponen sus bienes artísticos para disfrute y educación cristiana de peregrinos y ciudadanos. Una valiosa red de museos monásticos y conventuales que enriquecen el panorama artístico del país.


miércoles, 21 de octubre de 2009

Quiroga-Monte, La mejor colección de juguetes en España

Julia Sáez-Angulo


Es uno de los mejores conjuntos privados de juguetes en España, por ello la Colección Quiroga-Monte itinera, en sus distintos aspectos por numerosas localidades españolas: Oviedo, Madrid, León, Langreo, El Escorial, Torrelodones..., ofreciendo el placer y la admiración de pequeños y grandes. En este caso han sido fundamentalmente los coches y otros vehículos de moción los que componen la muestra de casi un centenar de piezas, entre las que se encuentra un tren de madera del artista catalano-uruguayo Joaquín Torres García –de los que hiciera para los grandes almacenes parisinos.

Los coleccionistas José Antonio Quiroga y Macarena Monte han llevado a cabo una gran tarea de rescate y conservación del juguete español en una búsqueda implacable de piezas, en las que han invertido un patrimonio considerable, además de tiempo y viajes por toda España. Coleccionar es una pasión y la suya se ha focalizado en los juguetes españoles con piezas tan singulares como el “Coche descapotable de los ye-yes” (1965) en hojalata, plástico y goma, de la fábrica Rico en Ibi (Alicante).

“Con los juguetes se puede aprender historia, estética, materiales y sociología de una época”, explica el señor Quiroga, que junto a Amadeo Busto, director conservador de la Pinacoteca Municipal de Langreo, han escrito un pequeño e interesante catálogo/libro para la exposición. “El juguete es la primera iniciación del niño en el arte”, escribió Charles Baudelaire en La moral del juguete.

La alcaldesa de Langreo, María Esther Díaz, recordaba la afirmación de Pablo Neruda: “En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”. El escritor chileno era un coleccionista compulsivo de diversos objetos como juguetes o proas de barco en su refugio de Isla Negra.

Este es el centenario de la muñeca española Mariquita Pérez. El mercado Puerta de Toledo de Madrid le ha dedicado una exposición monográfica. Pues bien, la colección Quiroga-Monte posee una selección exquisita de estas muñecas, junto a las Gisela y Cayetana que también han sido historia. La última en ristre es “Leonor”, en honor de la infanta hija de los Príncipes de Asturias.
Piezas de los años 40 y 50


“Los años 40 y 50 en España no se comprenderían sin conocer los juguetes que los niños tenía en esas décadas”, explica Quiroga. Tranvías, bandas militares, carritos heladeros, peponas (muñecas sin denominación específica) dan cuenta del modo de vida de una generación que creció entre estos sueños de hojalata y cartón, cuando el plástico no había hecho gala de su aparición.

La colección Quiroga Monte prepara otra exposición de “juegos de mesa”, todo un capítulo elocuente de la manera de entretenerse los españoles en los ratos de ocio. Desde el viejo juego de la oca al parchís, pasando por el juego de damas o los rompecabezas, hoy más bien puzzles. “Más de mil piezas conforman nuestra colección y abarca desde 1870 a 1970. Una centuria en la que presentamos las mejores piezas de la época, algunas ya inencontrables. Hemos tenido siempre la filosofía de ir a lo mejor más que a lo mucho”, explica el propietario.

La colección es un tesoro de juguetes de hojalata, madera, goma y plástico; muñecas, dioramas, arrastres, álbumes de cromos, recortables, rompecabezas, vehículos de pedales, soldaditos, teatrillos o juegos de mesa. Se completa con cuentos, tebeos y enseres escolares. La exposición viajará en breve por las grandes ciudades de la Comunidad de Madrid como El Escorial, Aranjuez o Buitrago.



Francisca Lita y María Montes, "La Migraña, Arte y Literatura"


La Migraña, Arte y Literatura
Letrera Publicaciones





 

Julia Sáez-Angulo

Los conceptos de enfermedad y arte se han conjuntado en diversos tratados y exposiciones. Francisca Lita, artista y profesora titular del Departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, ha llevado a cabo una investigación sobre el dolor obsesivo y terrible de la migraña en una serie de doce grandes obras en técnica mixta (100 x 70 cm. ) que presentó en Madrid, después de haberlo hecho en un congreso internacional sobre la enfermedad que, a su vez, padece la autora. La Migraña, Arte y Literatura (Letrera Publicaciones), es el libro/catálogo que acompaña la exposición con textos de la poetisa y dibujante María Montes, también profesora titular de Bellas Artes y la doctora Teófila Vicente, asesora de la Asociación Española de Pacientes de Cefalea.

En la disertación de presentación al público, Francisca Lita dijo que sus cuadros sólo pueden realizarse cuando se encuentra con energía y sin migraña, pues los días que la padece su cuerpo y ánimo se contraen de dolor y náuseas. “Solo se desea acostarse y permanecer a oscuras”, señaló la autora. La migraña es un fuerte dolor de cabeza que se sufre periódicamente; la padecen sobre todo las mujeres y se transmite genéticamente.

Uno de los cuadros de Francisca Lita, tríptico a base de conjuntar tres piezas de las medidas antes apuntadas, viene a ser una cadena familiar en la que muestra los rostros de las mujeres de su sangre que han padecido la migraña, hasta llegar a ella en que la sufre igualmente. Se trata de una composición audaz, donde las caras aparecen y se esconden al mismo tiempo. El autorretrato de la pintora se presenta en mayor tamaño como notaria de esa cadena de dolor a lo largo del tiempo. La migraña es una enfermedad que todavía no ha logrado un tratamiento curativo, aunque sí paliativo.


Obra de Lita


Óleo, collages, lápices de colores, dibujo, tinta china, pastel, lápices grasos... una serie de elementos variados para dar forma a unas historias en las que la simultaneidad del tiempo reaparece en el espacio del cuadro. Aves e insectos se alternan de modo simbólico o alegórico en este mundo pictórico de líneas, colores y soportes de papel. La geometría espacial, con frecuencia arquitectónica, aparece en esta serie donde los colores fríos se matizan con acentos de cromatismo caliente.

Los títulos de los cuadros van orientando al espectador: “Raíces”, “Depresión”, “A mi hermana” (fallecida de cáncer); “Percepción del misterio”, “El sobresaltado camino de los cromosomas” (tríptico citado); Esta es mi fragilidad”; Mi mas fiel enemigo”, etc.

El texto en el libro de María Montes habla de otros artistas que padecieron migraña o dolor en su trayectoria plástica como Van Gogh, Picasso, Blake, Giorgio de Chirico, Sarah Raphael, etc

Con motivo del bicentenario del Dos de Mayo, Lita presentó también una serie de grabados con escenas del levantamiento español en 1808. El magisterio de Goya late detrás de este singular trabajo.

 

Manuel Muñoz Hidalgo, poeta de "La calle del vacio"

La calle del vacío / Ulica Prózna
Manuel Muñoz Hidalgo
Traducción de Pawel Krupka
Editorial Sial / Fugger Poesía
Edición bilingüe; Madrid, 2009

Julia Sáez-Angulo


Un viaje a Polonia, una estancia en Varsovia, una visita a la calle Prozna, donde residieron los judíos capturados y exterminados por los nazis, causó tal impacto al poeta que de un tirón, como una catarsis necesaria, escribió este poemario sobrecogedor: La calle del vacío. El eco en Polonia no se hizo esperar y se hizo una traducción para una edición bilingüe por Sial.

Las estancias vacías de las casas en un barrio solitario, negro testimonio del horror de los hombres hasta hacer verdad la afirmación de Hobbes: Homo homini lupus. El hombre es un lobo para el hombre, fue la visión detonante de la escritura.

El escritor Muñoz Hidalgo (Alcantarilla, Murcia, 1939), hombre de sensibilidad lírica, con más de una decena de libros poéticos en su haber, otros tantos de teatro y unos cuantos de ensayo, ha escrito versos intensos sobre ese lugar polaco, vacío urbano que clama con fuerza las ausencias. “Esta noche caduca de otoño/ en que el aire resuena en los andamios,/ transito por la vieja calle Prozna,/ la calle del expolio y del vacío, asomada a la plaza Grzybowski, vestigio de polacos y judíos/ en la Varsovia rota y masacrada,/ rebelde contra el déspota invasor/letal, momificada, sin olvido”.

“Muñoz Hidalgo ha marcado su visión de la martirología polaca con un signo particular de su personalidad literaria, presente en la dimensión de lo vivido, incluso en los poemas aparentemente distantes de su experiencia personal”, escribe Marek Wawrkiewicz, presidente de la Unión de Escritores Polacos en el prólogo. Por su parte, Basilio R. Cañada, presidente del Pen Club de España dice: “Un libro valiente, un poeta lúcido, una temática que trasciende la poesía para aguijonear nuestras cómodas voluntades y nos incita a poner remedio a tanta desesperanza”-

El poeta recuerda el paseo impactante por a calle Prozna junto a Abel Murcia Soriano, director del Instituto Cervantes en Varsovia. Un recorrido que le llevó a escribir: “Mientras quede una piedra sin romperse/ y el aire mueva el eco de los gritos,/ nadie podrá evitar tanta deshonra,/ el pavor, la angustia en el terrible Auschwitz,/ patíbulo de cólera y de miedo/ matadero de agravio y de tortura,/ experimentos con los detenidos,/ amarga soledad de la impotencia/ a la que nadie esquiva ni la escucha”.

El autor de La calle del Vacio, Manuel Muñoz Hidalgo, que acaba de ser nombrado Caballero del Muy Noble Capítulo de Isabel la Católica, prepara una obra de teatro sobre Isabel I de Castilla, después de escribir La flor partida sobre la princesa Christina de Noruega, casada con el Infante Fernando de Trastamara, hermano de Alfonso X el Sabio en el siglo XI. Su obra Amor prohibido se ha representado en Bulgaria durante tres años, lo que lo hizo merecedor de la alta condecoración Cirilo y Metodio de ese país.


David Casado escribe sobre "La Marina Ilustrada"

La Marina Ilustrada
Sueño y Ambición de la España del XVIII
Ediciones Antífona. Colaboración Ministerio de Defensa.
Madrid, 2009 (676 pags.)

Julia Sáez-Angulo


Puede seguirse la historia de España a través de este amplio libro de divulgación universitaria, bien documentado y ameno, donde se pone de manifiesto en una trasversal el peso de un país a través de la Armada o la Marina, clave para la importancia de la monarquía, como bien se ocuparon de decir los grandes marinos a la Corona Española. Cosme Churruca, el marqués de la Ensenada, Jorge Juan, Blas de Lezo –el gran estratega-, Cervera, Malaspina, Alcalá Galiano, Ulloa Tofiño, Campillo... además de Cristóbal Colón, dan cuenta de los prohombres que dio la Marina de España a lo largo de los siglos. El autor, David Casado (Madrid, 1954) ha hecho un gran trabajo de investigación y ha escrito un libro que merece la pena leerse.

La presentación del libro tuvo lugar en el Ateneo de Madrid y en el acto intervinieron entre otros la historiadora Carmen Resino y el almirante Rodríguez y González Aller. La Marina ha ido siempre unida al Imperio y esto se ponía de manifiesto con los países adversarios, Gran Bretaña fundamentalmente. El himno de la Marina española canta: “victoria en Lepanto, muerte en Trafalgar”. La Marina ha sido el cordón umbilical que unía España con los territorios de ultramar denominados provincias, según subrayó la historiadora Resino.

Se recordó que la empresa de América, desde las tres carabelas de Colón, fue castellana, pues el reino de Aragón –unido de manera federal a Castilla- se dedicó a expandirse por el Mediterráneo hasta alcanzar Nápoles. Fue con los Borbones, a la llegada de Felipe V, cuando con los Decretos de nueva planta se unen los dos reinos en un estado unitario a la francesa y es entonces cuando Aragón (incluida Cataluña) se beneficia del comercio con la América hispana.

En 1453 los turcos conquistan Constantinopla y se produce el cierre del comercio con Oriente; fue cuando la Marina busca otra salida “para llegar a Catay sin pasar por el turno”. Llegó la aventura con lo incierto y América se abrió para España hasta el punto de que Felipe II tuvo un imperio en el que no se ponía el sol. La decadencia de la Marina llegó en el XVII, pero en el XVIII emergió con fuerza y prestigio. Las expediciones de los buques para estudiar la flora y la fauna en América son dignas de todo elogio. El viaje político-científico de Malaspina es encomiable.

“Acuérdate España que tú registe el Imperio de los mares”, dice una máxima conocida en la Marina. Sin la Marina no se puede respetar una monarquía, recordaba el marqués de la Ensenada al rey, cuando comenzaron a construirse astilleros frente a los antiguos artesanos de carabelas y navíos.

David Casado recordó que la expulsión de judíos y moriscos dejó a España en una pobreza demográfica notoria, causa de buena parte de nuestra decadencia, en comparación con otras naciones vecinas. La marinería española –al igual que las cercanas- fallaba; con frecuencia había que echar manos de hombre en las cárceles para sostenerla. El velamen requería numerosos hombres no siempre disponibles de manera disciplinada. Se embarcaba lo que se podía y eso fue nuestra perdición.

José Ruiz: Torrijos, la ciudad de marcos y molduras



Julia Sáez-Angulo


La histórica ciudad toledana de Torrijos es hoy la capital española de la producción de marcos y molduras para cuadros, con varias fábricas en este campo. Los artistas lo saben y son muchos los que buscan específicamente la denominación de origen o calidad de Torrijos. José Ruiz, presidente de Moldurera Toledana informa desde su gran fábrica, que cuenta con casi un centenar de empleados y diecinueve mil metros cuadrados de superficie. Una firma que suministra al por mayor a clientes españoles y extranjeros.

“A fecha de hoy contamos entre todas las naves con más de mil kilómetros de molduras (podría atravesarse toda España con una moldura de la casa). Un altísimo porcentaje de las que se consumen en España se fabrican en Torrijos, ciudad que cuenta ya con una imagen prestigio en ferias y mercados del sector”, explica José Ruiz. La producción es muy variada y va, desde la más simple hasta la más trabajada o barroca, en las que ya se aplica a mano el pan de oro o la plata para conseguir piezas espléndidas, que se utilizan para cuadros valiosos, museos y colecciones importantes.

El filósofo José Ortega y Gasset escribió un célebre ensayo, “Meditaciones sobre el marco” en su libro El Espectador: “Viven los cuadros alojados en los marcos. Esa asociación de marco y cuadro no es accidental. El uno necesita del otro. Un cuadro sin marco tiene el aire de un hombre expoliado y desnudo. Su contenido parece derramarse por los cuatro lados el lienzo y deshacerse en la atmósfera. Viceversa, el marco postula constantemente un cuadro para su interior, hasta el punto de que cuando le falta, tiende a convertir en cuadro cuanto se ve a su través”.

En la fábrica Moldurera Toledana trabajan además de españoles, rumanos, búlgaros, marroquíes, un italiano y un ruso. Este último sirve de intérprete con el mercado ruso, que está resultando muy pujante, según explica el presidente de la firma. José Ruiz es un empresario que recuerda con orgullo el oficio de carretero de su padre y muestra dos ejemplares de carros de su progenitor, adquiridos años más tarde de su fabricación y a la espera de su restauración.

Las maderas más utilizadas en Moldurera Toledadna son principalmente asiáticas o africanas como el ayous; sapelli; samba, pino, fresno o el roble americano. También el ramín de Malasia, del que cuentan varias partidas, aunque ahora está prohibida su exportación sin ser trabajada en el lugar.

Frente a lo que se piensa “los madereros somos los mejores conservadores de bosques y selvas, porque nos interesa que el negocio se perpetúe en condiciones óptimas de desarrollo sostenible”, explica José Ruiz. “En Suecia, desde que aumentaron las exportaciones, ha aumentado igualmente la masa boscosa del país. En las selvas se cuida de que, junto a un árbol que se tala, haya otro incipiente en el lugar para que vaya creciendo. En realidad son los agricultores del café o de la soja y los ganaderos de las zonas de selva los interesados en la destrucción de los árboles para ganar terreno a sus intereses. No hay que olvidar que los árboles tienen una vida vegetativa limitada, como todo ser vivo. A los fabricantes de molduras interesa que los árboles talados sean añejos porque resultan más rentable”.




Marco y cuadro; Cuerpo y alma


Las naves de la Moldurera Toledana son una sucesión imparable de pilas de madera en secaderos sucesivos sobre rastreles y maquinaria especializada en cortes de material y aplicación de moldes –varios miles de matrices- a los que se aplica el polvo de madera junto a la goma y el poliéster que la aglutina y da forma a las ornamentaciones. Todo un espectáculo de habilidad, destreza, artesanía y belleza, que culmina en la sala de muestrarios, donde se contemplan los cientos de acabados más bellos que acompañarán a los cuadros.

“Un marco sin moldura es un cuerpo sin alma” repiten los fabricantes de molduras al tiempo que muestran como una simple lámina gana en dignidad cuando va rodeada de un marco que la realza. “La madera es un material noble y vivo que registra los cambios de temperatura”, recuerda José Ruiz. “Es un material cálido que requiere que esté bien seca para trabajarla con todas las garantías”.

Recientemente se ha llevado a cabo en Barcelona una curiosa exposición sobre “el marco”, en la que se reflexiona conceptual y plásticamente sobre mismo. La relación entre marco y cuadro es “esencial y no fortuita; tiene el carácter de una exigencia fisiológica, como el sistema nervioso exige el sanguíneo y viceversa: como el tronco aspira a culminar en una cabeza y la cabeza a asentarse en un tronco”, escribió Ortega. José Ruiz está totalmente de acuerdo.