sábado, 1 de octubre de 2011

KRISTINA DE NORUEGA

Campanario de S. Olav, Covarrubias. Foto Juan Jiménez

Sepulcro de la infanta Kristina, Colegiata de Covarrubias (Burgos)



Estatua de Alfonso X, Biblioteca Nacional Madrid. J. Alcoverro, 1882


M. Dolores Gallardo López





El pasado día 19 en este blog Julia comentaba ampliamente la inauguración de la capilla de S. Olav, patrono de Noruega, que tuvo lugar el día 18 en la villa de Covarrubias, promovida por la Junta de Castilla y León y la Fundación Princesa Kristina de Noruega.

A S. Olav y al “Camino de S. Olav” dedicaremos otro artículo, estas líneas de hoy tienen por objeto ubicar, para aquellos que no conozcan los hechos, a la princesa en el tablero de la diplomacia de la época de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León. Una consecuencia de esa política fue la venida –y muerte- de Kristina en tierras hispanas.

En el año 1958 al ser estudiados los sepulcros de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias en uno de ellos se encontraron los restos de una mujer adornada con magníficas joyas y vestida con suntuosos ropajes con bordados de oro y pedrería. Su altura era bastante superior a la habitual para las mujeres castellanas del siglo XIII, pero normal en las mujeres del norte de Europa. Fue identificada como la princesa Kristina de Noruega.

EL TABLERO POLÍTICO
El rey Alfonso X, es bien conocido por el gran público por su intervención en la Reconquista y por su labor literaria y científica, por el impulso que dio a la Escuela de Traductores de Toledo –de ahí el sobrenombre de “Sabio”- y por las composiciones líricas conocidas como Cantigas a Santa María, escritas en galaico-portugués: como justo homenaje una estatua que lo representa, realizada en 1892 por J. Alcoverro, está ubicada en la entrada de la Biblioteca Nacional de Madrid.
Menos conocida para el gran público es su aspiración a convertirse en emperador del Sacro Imperio romano germánico.

No fue Alfonso X el primer rey castellano que decidió emparentar a su familia con una casa real de países nórdicos. Bastante antes lo hizo Alfonso VII rey de Castilla y León, también Fernando III, padre de Alfonso X.

Alfonso VII se casó en segundas nupcias con la princesa Richilda, llamada simplemente Rica en algunas fuentes. Richilda era hija de hija del rey Ladislao de Polonia y de Agnes Babemberg (una nieta del emperador del Sacro imperio romano germánico Enrique IV). Así pues la princesa Richilda, biznieta del emperador Enrique IV, estaba emparentada con la casa de los Staufer de Noruega y con la de los Babemberg de Austria.

Por la importancia que tuvo vale la pena recordar quién fue Enrique IV (Goslar, 1050–Lieja, 1106): rey germánico desde 1056 y emperador del Sacro Imperio romano germánico desde 1084, hasta su abdicación en el año 1105. Es conocido sobe todo por su enfrentamiento con el papa Gregorio VII, que finalmente lo excomulgó. Enrique hábilmente preparó una jugada política: durante tres días, vestido con ropas harapientas (también, según la tradición, descalzo y sin comer), rogó el perdón papal ante el castillo de Canossa. Su voluntaria humillación resultó efectiva: el Papa tuvo que retirarle la excomunión y relegitimarlo bajo una serie de condiciones, que Enrique pronto volvió a olvidar.

Alfonso VII de Castilla y León con su segundo matrimonio con la princesa Richilda emparentó con el linaje imperial y entró en el ámbito germano- eslavo de casas reales. Así se iniciaron las relaciones políticas de Castilla y León con monarcas alemanes, relaciones que continuaron en el siglo XII y XIII por vía de alianzas matrimoniales.

De la unión que acabamos de indicar provino años después la candidatura de Alfonso X al trono imperial alemán y los cuantiosos gastos que soportó Castilla por la implicación de su rey en las luchas entre el Papado y el Imperio.

Alfonso X era hijo de Fernando III (rey que unificó definitivamente los reinos de Castilla y León dado que Alfonso VII dejó como heredero de Castilla a su hijo Sancho y como heredero de León a su hijo Fernando) y de Beatriz Isabel de Suabia.
Beatriz de Suavia era hija del duque Felipe de Suabia y tras la muerte de su padre permaneció bajo la tutela de Federico II, emperador del Sacro Imperio romano germánico, que fue quien dio el visto bueno para su matrimonio con Fernando III.

En 1250 murió el emperador Federico II (enfrentado al Papa Inocencio IV, éste lo había depuesto unos años antes) y en 1254 el Papa Inocencio IV. Se creó una especie de vacío de poder y en ese ámbito de mueve el deseo de Alfonso X de Castilla y León -que fue reconocido legítimo heredero de la dinastía de los Staufer por la comuna de Pisa (en 1256 recibió una legación de la república d Pisa)- de llegar a ser proclamado emperador del Sacro Imperio.

En 1258 Alfonso X, que estaba casado con Dña Violante, hija del rey D. Jaime de Aragón, se convirtió en pretendiente oficial al trono imperial: lo apoyaban además de la Comuna de Pisa, el rey Luis IX de Francia, el rey Bela IV de Hungría y su suegro, el rey Jaime I de Aragón. Alfonso X había hecho todo lo posible por alcanzar sus deseos. En este marco se encuadra la alianza matrimonial que en 1256 se había gestado entre las casas reales de Noruega y Castilla.

Era rey de Noruega Hakon Hakonsson IV (1204-1263), considerado hijo ilegítimo de Haakon III y de una campesina llamada Inga de Varteig. Nació en una sociedad plagada de discordias civiles que databan desde 1130 y murió siendo el gobernante indiscutible de un reino grande y respetado internacionalmente. Su reinado (1217-1263) puso fin a las discordias civiles noruegas, la parte final se caracterizó por la paz interna y por una prosperidad nunca antes vista en Noruega. El rey Haakon, que en sus comienzos había sido rechazado por la Iglesia por ser hijo ilegítimo, en 1247 obtuvo finalmente el reconocimiento del papa Inocencio IV, quien envió al cardenal Guillermo de Módena a Bergen para celebrar la coronación. Fue el comienzo de lo que se conoce como la edad de oro del reino noruego medieval. La fuente más importante de la biografía de este rey es la Hákonar saga Hákonarsonar o Saga de Hakon Hakonsson, escrita en la década de 1260, pocos años después de la muerte del rey, por Sturla Tordsson muy posiblemente por petición de Magnus, hijo y sucesor en el trono de Noruega de Hakon Hakonsson IV.

Dado que el rey Alfonso X de Castilla y León ya estaba casado, como ha quedado dicho, con Dña Violante, hija del rey D. Jaime de Aragón (ya tenían una hija pequeña, Dña Berenguela), en 1256 pidió la mano de de la princesa Kristina, hija del rey Hakon Hakonsson IV, para uno de sus hermanos, los infantes.

Al año siguiente, en 1257, la princesa, con una magnífica dote, emprendió por mar un largo viaje desde Tønsberg, cerca de Oslo, hacia Castilla, haciendo escala en Francia y otros lugares. La Saga de Hakon Hakonsson, mencionada más arriba, dedica varios capítulos al tema del viaje y la boda de la princesa Kristina.

El matrimonio con el infante D. Felipe, hermano de Alfonso X, se celebró el 31 de marzo de 1258 en la Colegiata de Valladolid y se convirtió en infanta de España. Los esposos residieron en Sevilla y allí, 4 años después, en 1262 murió Kristina sin descendencia. Fue enterrada en Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias.

Desafortunadamente toda esta urdimbre política no sirvió para nada: Alfonso X, tras casi 20 años de esfuerzos y de desembolsar grandes sumas de dinero para sufragar los gastos y para apoyar política y militarmente a quienes sustentaban su candidatura, no consiguió su sueño imperial: En 1275 el papa Gregorio X desestimó sus derechos y pretensiones y favoreció a Rodolfo de Hasburgo. Kristina, flor noruega trasplantada y agostada muy lejos de su país de origen y de su entorno familiar, fue sólo una víctima del ajedrez de la diplomacia medieval, como tantas jóvenes princesas.

Quienes estén interesados en más datos sobre estos hechos, pueden consultar entre otros, La princesa Kristina de Noruega en la corte del rey Alfonso X de Castilla y León de Ángel Gordo Molina e Historia de Campo Florido, traducción del islandés antiguo, introducción y notas de Mariano González Campo.

COVARRUBIAS Y LA FUNDACIÓN PRINCESA KRISTINA DE NORUEGA

La ciudad noruega de Tønsberg, lugar donde se inició el viaje de la princesa hacia Castilla, se hermanó con la villa de Covarrubias y en abril de 1978 donó a la población castellana la estilizada estatua de la princesa que está ubicada frente a la portada de la Colegiata. Al acto asistieron diversas personalidades noruegas y la Banda Municipal de Tønsberg.

Los contactos oficiales entre el gobierno noruego y la villa de Covarrubias se han sucedido estos años y como culminación de ellos surgió en 1992 la fundación Princesa Kristina de Noruega, cuyo domicilio definitivo estará en Covarrubias. Actualmente está presidida por D. Javier Hernáez. Su objetivo es fomentar y promover actividades culturales y de cualquier otra naturaleza que contribuyan a mejorar las relaciones entre España y Noruega.

La última actuación en la que ha intervenido la Fundación ha sido la construcción de una ermita dedicada a S. Olav, ubicada a unos tres kilómetros de Covarrubias, realizada en acero y madera laminada, e inaugurada el pasado 18 de septiembre por el Presidente de la Junta de Castilla y León, D. Juan Vicente Herrera, y la Sra Ministra noruega de Cultura, Dña Anniken Huitfeldt, junto con otras personalidades. Quiere la leyenda de la princesa nórdica que ésta pidiera a su esposo, el infante D. Felipe, la edificación de una ermita en honor a S. Olav, que no llegó a realizarse. De ahí la construcción actual ermita. A este santo y al "Camino de S. Olav" dedicaremos otro artículo.

Finalmente reseñar que la infanta castellano-leonesa nacida en Noruega, convertida hace tiempo en personaje de leyenda, ha entrado en la Literatura española contemporánea como protagonista de novelas (María Jesús Montiel, Sol entre la bruma, Juan Arroyo Conde, Kristina la flor de Noruega; Jesús Maeso de la Torre, La cúpula del Mundo, segundo premio Caja de Granada de novela histórica; Cristina Sanchez-Andrade, Los escarpines de Kristina de Noruega y La flor del Norte debida a Espido Freire) y una reciente obra teatral debida al dramaturgo murciano Manuel Muñoz Hidalgo, Kristina de Noruega. La flor partida.

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