sábado, 1 de marzo de 2014

Ioana Zlotescu, autora de “Tres prólogos y siete preámbulos en torno a Ramón Gómez de la Serna”



Ioana Zlotescu



Julia Sáez-Angulo

           
            Directora responsable de la edición de las Obras Completas de Ramón Gómez de la Serna, la hispanista Ioana Zlotescu (Bucarest, Rumanía) ha recopilado sus estudios sobre el escritor madrileño en un libro titulado Tres prólogos y siete preámbulos en torno a Ramón Gómez de la Serna, publicado por Albert Editor.

            La hispanista, de nacionalidad española y residente en Madrid acaba de presentar el volumen número VII de la obra de Ramón, que recoge las Greguerías del autor, en edición de Pura Fernández. El acto tuvo lugar en el Centro de Arte Contemporáneo de Madrid, museo de los escritores, donde se conserva el espejo redondo que aparece en numerosos retratos de Ramón.

            En la presentación de Greguerías intervinieron junto a Zlotescu y Fernández el profesor de literatura Jaime Olmedo Ramos y el editor literario Ignacio Echevarría. El volumen ha sido editado por Galaxia Gutemberg.


Retrato de Ramón por Diego Rivera (Museo MALVA. Buenos Aires


            Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888- Buenos Aires, 1963)  es uno de los escritores  españoles más singulares del siglo XX. Grafómano empedernido, su obra es un continuo fluir de su mirada y pensamiento automático, con la metáfora y greguería como elemento clave en su obra. Entrevistado por Papini en su libro Gog,  y citado por Francisco Umbral, como su verdadero maestro, Ramón mereció también la admiración de muchos de sus colegas en el extranjero. El catedrático de Periodismo en la UCM Enrique de Aguinaga también ha escrito sobre el periodo de Ramón en España después de la guerra civil.

            “Los textos de Ramón en su totalidad son móviles, dinámicos, inapetentes de orden, rebeldes a toda forma, sea ella referida a la ordenación en páginas o bien al lenguaje, saturado de palabras “orgánicas”, audaces, inventadas o reinventadas, sensuales, salidas de una nueva rueca fervorosamente enloquecida, imparable”, escribe Zlotescu en el prólogo general del libro “Tres prólogos…”.

            “La magia de Ramón Gómez de la Serna brota precisamente de este conjunto, gran Libro único de su escritura, interrumpido por las fronteras formales de un libro y otro más y otro más y así hasta llegar a decenas”, continua diciendo la hispanista. “Ramón es el escritor de un libro-obra maestra a citar entre todos los demás escritos para colocarlo entre los grandes textos de la literatura universal”, añade.

            “Ramón se autocita, se “auto-plagia” hasta llegar a convertir varios de sus libros en abigarrados collages, reanudaciones sucesivas de los mismos textos en conceptos distintos, esto es, bajo títulos diferentes. El desalojo de un enunciado de un libro a otro reaviva la fuerza expresiva de una misma secuencia, enriqueciéndola sucesivamente con nuevos sentidos marcados por el nuevo título”, señala Zlotescu.





            Ramón es desbordante, pero no desordenado. Su capacidad escritora y sus metáforas son una fuente que mana miles de sugerencias a los demás escritores.

           Iona Zlotescu es la mejor conocedora de la obra de Ramón, por lo que el escritor Francisco Umbral la llamaba "la viuda blanca de Ramón".

           




Tecla Portela, Poeta invitada por “La Mirada Actual”


Tecla Portela



L.M.A.

María Tecla Portela Carreiro aprendió a leer en verso con los libros en papel biblia que su padre había regalado a su madre cuando eran novios. Quizás por eso tiene pasión por el libro no sólo como contenido sino también como continente. Le gustaban las matemáticas y las ciencias, pero el lenguaje y los conocimientos humanísticos formaron su propia estructura desde siempre. Como también siempre se nutrió de la cultura popular: las costumbres, el refranero, la cocina tradicional y todo tipo de labores relacionadas con la vida doméstica. Al mismo tiempo, leía a los clásicos españoles y portugueses, aunque no sólo.

Nació en Galicia y creció al lado de la frontera, lo que le dio una visión de contraste que le gusta resaltar. Dice que fue educada con fuertes referencias y una enorme coherencia, y lo reconoce como una de las grandes suertes que le cupo recibir.
Su cercanía y lazos familiares con Portugal los recibe “antes de nacer”. Y acabaron siendo fundamentales en su vida y en parte de su obra, en la que cuenta como tal sus muchas traducciones y sus estudios sobre los más diversos aspectos de la cultura portuguesa.
Estudió Derecho y Ciencias de la Información. Suele decir que el Derecho le completó una estructura que había recibido de las matemáticas, y que la usa permanentemente. Por el contrario, a las Ciencias de la Información llegó por su gusto –casi malsano- por las noticias y el conocimiento de la realidad, que, en los últimos tiempos –dice que por la deriva de los acontecimientos y por efectos de la edad- se ha atenuado bastante. Y vuelve a los autores de siempre, españoles y portugueses.
Reside en Madrid desde 1980, aunque con frecuentes desplazamientos.
Sus primeros versos publicados lo fueron en “Voces Nuevas” de la editorial Torremozas (1988), editorial en la que, más tarde, publicaría –entre otras cosas- su poemario “Fueron los pinceles” (1993), una reflexión contemplativa de los cuadros de Velázquez. En Ediciones Libertarias verían la luz “Cabe mí” (1998), un pequeño poemario canto a la lengua castellana a través de sus preposiciones. Tiene algunos libros inéditos y poemas sueltos que publica en revistas o como colaboraciones. Y sigue impartiendo conferencias, muchas de ellas publicadas, así como textos de arte, introducciones, artículos, ensayo y relatos cortos.
Su poesía, no siendo propiamente religiosa, está impregnada de una fuerte religiosidad y de un profundo y exaltado amor a la Historia, al paisaje y a las raíces. La creación artística la deslumbra siempre. Nunca esconde su pasión por la palabra. Puede llegar a ser irónica (lo que se trasluce mejor cuando escribe prosa, por lo demás, casi siempre poética), pero, en los últimos tiempos, deja aflorar la desilusión y el pesimismo. “Van conmigo –señala- pero en mis poemas no solían aflorar. Y no me gusta que lo hagan, porque la poesía debería ser algo, en cierto modo, trascendente, que profundice o que eleve, pero nunca destructivo, y si destruye tiene que ser para construir o para aventurar otro camino… Debe llevar siempre una luz, aunque, paradójicamente, no sea fácil de vislumbrar.”





HUELE A BARRO COCIDO

Huele a barro cocido. Huele a teja
(A.Carvajal)

Huele a barro cocido, huele a teja,
huele a trigo segado y a barbecho,
huele a nardo y a rosas con helecho,
huele a juncos y a sombra que se aleja…

Ronco se oye el piar de una corneja
y hay un bronce que suena ya deshecho;
se hace noche la tarde en el repecho
de la torre y del tiempo que nos deja.

Vuelve cerca el perfume de la jara,
vibra un tiemblo de horas y embeleso
-¿qué tristeza metal ya nos separa?-

Brotan tiernos revientos de cantueso,
brota eterna nostalgia que me azara:
Sabe a ocasos perdidos. Sabe a beso.

                                                                      (In Voces Nuevas
Edit. Torremozas, 1988)


CRISTO EN CASA DE MARTA (cuadro de Velázquez)

¿Qué pensamientos sazonas,
ausente,
en tu almirez,
pretendida Marta?

¿Qué preocupación adoba
la plata en escama de tus peces,
sabrosea tu aliño de guindilla,
condimenta de pulcritud tu preparado?

Nada,
ni el señalado aviso de los años,
parece traerte a ello.

¿Eres tú Marta
o se ausenta tu alma, María,
afanado tu quehacer,
macillo y almofariz,
en cotidianos cuidados?

¡Cuántas veces, Marta,
cuántas,
te ausentarás soñando ser María!

Y cuántas, cuántas Martas
quisieran tantas veces ser Marías
contemplando al Amado
sin afanes que perecen.


LA COSTURERA (cuadro de Velázquez)

Remata tu puntada, mujer,
y muestra la perfección de tu costura
en la cadencia inacabada de tus manos.

Levanta del lienzo tus pupilas
y cuéntanos
qué recuerdos enhebra,
qué hilares va soñando,
qué pespuntes anhela
la aguja de tu pensamiento…
… qué bordados quisieran rematar,
en su cadencia inacabada
esas tus manos.
                      
                                                          (In Fueron los pinceles
                                                          Edit. Torremozas, 1993)

Preposición DE

                                               Vengo yo, triste amador,
                                               de amores desconsolado
                                               de amores que no de amor
                                                          (Jorge Manrique)

                                               Vivir quiero conmigo
                                               gozar quiero del bien que debo al cielo,
                                               a solas, sin testigo,
                                               libre de amor, de celo,
                                               de odio, de esperanzas, de recelo
                                                          (Fray Luis de León)

En el mar de los sueños,
con la medida luz del astrolabio
que alcanza la heredad de tus estrellas,
yo te pienso,
tierra de Castilla,
ocaso de mi pasado,
promesa de un devenir
que será ido.
Yo también, por tus campos,
“voy de vuelo”
a las regiones ignotas
de la patria cierta.
Y recorro los llanos
de tu santoral,
las soberbias llanuras
coronadas por tus cirros
y los secos pedregales
de tu raza mística.
Llevo también
el libro de tu Historia
entre mis manos
y convierto mis ojos
en el códice preciso
de tu Lengua.
Piso, vagarosa,
el solar de tus ancestros
y las flores de mi tarde
son para tus héroes enterrados…
Para ellos recojo
el laurel de mis asombros,
el tímido brotar de mis cantuesos,
la hora enamorada
de mis rimas.
Y no regreso ya de ti.
Soy un triste amador,
con el poeta,
y desfallece mi sed
en la defensa de tus torres,
otra vez sin testigo
en tus adarves.
Ya no quiero otros crepúsculos,
ni tañido de campana
que no sea el de tu bronce,
ni cuidado de mis días
que no sea pronunciarte
en el temple
de tus palabras escogidas.
Libre de todo augurio
quiero gozar a solas
el salmo de tu paisaje,
la orla de tu reciedumbre,
sin más presencia
que el silencio
de tus voces…
de todo el bien,
del caminar todo
que, por tus siglos,
debo al Cielo…
Y no quiero otro sudario
que la soledad de tus terrones.

                                               (In Cabe mí
                                               Edic. Libertarias. 1998)




viernes, 28 de febrero de 2014

Raúl González Martín, poeta en el libro “Por qué dices porque”






Julia Sáez-Angulo


            Autor de relatos, Raúl González Martín nos sorprende ahora con un libro de poesía titulado “Por qué dices porque”, que abarca casi un centenar de poemas que entrar en todo tipo de afectos y sentimientos. El libro se abre con una cita de Federico García Lorca: “La poesía no requiere adeptos sino amantes”.

            Jesús Díaz-Marta Comendador, abogado y amigo de Raúl González Martín (Madrid, 1970) comenta este cambio de la narrativa breve a la poesía en el prólogo y menciona una tertulia literaria, donde se explayan ideas creativas sobre autores y textos, como a Borges que decía: “A partir de los cuarenta no leo sino ensayo y poesía”.

            “El salto no es baladí aún cuando los poemas que integran este ejemplar me recuerdan sin lugar a duda que quien escribe en el autor de los relatos breves que han acompañado mis esperas en las sedes judiciales. Evolución en consecuencia sin perder su identidad”, escribe Díaz-Marta.

            Los temas de los poemas acogen también la vida profesional: Deshaucio, Extrajudicial, Divorciado, Gitanos y payos…, pero también acoge temas afectivos o amorosos como Peligroso amor, Me he llevado una tristeza, Amigo, Si no existieras,  yo no existiría, Las épocas del amor, Mi querida amiga…

            Si respondo a tus preguntas/ Con la verdad como respuesta/Por qué dices porque (…) Si siempre te deseo/ Y quiero comprenderte/ Por qué dices porque/ Si alcanzo tus anhelos y a todo lo que esperas/ Por qué dices porque”, dice el autor en el poema que da título al libro.

            Poemas de verso breve o métrica más prolongada; versos rimados o asonantes; poemas de repetición cantarina o estribillo; poemas ascéticos; descriptivos como el de Toulouse-Lautrec… En suma, poesía versátil que habla de un vate que mira, contempla, siente y escribe la vida.

            Sensibilidad y amor a la escritura.